lunes, 25 de agosto de 2014

MANZANAS VERDES CON SABOR A LIMÓN




Esta va para los Barba... En especial para mi hermano David que hoy es su cumpleaños...

Hay cosas que nos definen para siempre… A mí, ser hija de “La Chula”, los Jesuitas y La Huerta.

Ahí, en Morelos 104, en la ciudad de nombre de indio que le queman los pies, estaba el lugar perfecto, la tierra prometida para un niño de diez, “La Huerta de Doña Florita” a un lado de la Clínica.

Al escribir el tiempo se congela como charcos de su cancha de basket en invierno. Me veo contando los días para irnos… para subirme a la Suburban, de madrugada con mi almohada y mi walkman. Haciéndome la idea de dos días de camino, el Motel de Cuencamé…

Todo para comenzar a pitar cuando se ve la larga barda de la entrada, siempre pintada con candidatos del PAN. Primos en bicicleta corriendo detrás diciendo; “¡Ya llegaron los de Guadalajara!” Y yo preguntándome si así sienten las celebridades cuando llegan a un evento.

¡Dos meses!- Pensaba – Dos meses aquí, comiendo arroz con elotitos, entomatadas, tortilla recién echa, en los bancos de la barra de la cocina…

Tesoros escondidos, comer “winnis” en la azotea de Lalo. El Castillo de Blanca Nieves… el cuarto de mi Tío Quico… las misteriosas caballerizas abandonadas, la casa de Coyo… “Don che” y su impregnante olor… El “Bonis” Perro de dos metros con cara de león y manchas de tigre que me hacía temblar.

La sala prohibida… “El cuarto de atrás”, el viejo columpio donde cabían más de diez personas, la “cama elástica”… el frijol… rezar para que nevara… las historias que leía mi mamá en la noche.

Abandoné mi infancia como a La Huerta. Todo eso se lo llevaron fiestas de quince, cartas de amor y salidas a la Gran Plaza con Levis Blancos. Había quedado enterrado el lugar de manzanas verdes con sabor a limón… Pero una boda nos hizo regresar…

¿Cuahu… Cuahu… temoc? Una palabra tan complicada como volver. ¿Otra vez los lonches y quedarnos en el Motel de Cuencamé? No. Esta vez mi mamá no me pasaría el lonche en una servilleta húmeda. Ni escucharíamos música religiosa. Alguien ocuparía su lugar en el asiento, la suburban nos quedaría mas pequeña por caderas ensanchadas de cinco hermosas mujeres. Y los hombres y sus hombrudas espaldas rozarían nuestros hombros incomodando el camino.

Mi papá me dijo que invitara a mi novio en turno y yo entusiasmada comencé a aturdirlo como una niña chiquita con todo lo que había en el lugar…

“¡Es una Huerta enorme! Te pierdes si no tienes cuidado… al entrar hay una calle de tierra y a la izquierda está la cancha de basquet, que es como del tamaño de dos profesionales. Más adelante, el imponente tanque de agua… ha de medir unos once o doce metros… después, la alberca… casi olímpica. Más adelante el frijol… un camino en forma de…¡Frijol! Donde andamos en bicicleta. Dar la vuelta te toma aproximadamente cinco o seis minutos. En medio tiene un jardín, pero como tiene una barda de hierro forjado pues nadie entra, así que está bien verde. Si caminas unos cien pasos está la casa de Criss y Lissy… más al fondo la de Tía Kina… y al lado de la de mi abuela la de Lalo. Y si te adentras mucho entre los árboles de manzanas verdes con sabor a limón encuentras las caballerizas y la casa de Coyo, pero yo que tú no entro porque puedes perderte. La casa de mi Abuelita Flor es muy grande, así que yo te guío. El cuarto de Quico es para jugar escondidas. En el de las lavadoras,pelota, y el cuarto del fondo es como otra casa…”

El camino fue más o menos el mismo… porque aunque ya estábamos “grandes” teníamos la misma ilusión que cuando éramos pulguitas. Y eso fue lo que entendí cuando volví a toparme con aquella barda pintada del PAN, que era una pulguita…

¡Qué risa me dio al entrar! Fue un shock que no me dejó nada más que reir. Ahí estaba todo, eso no había duda… el frijol, el tanque, la alberca… ¡No faltaba nada! Es sólo que las proporciones… no eran las mismas…

- ¡Se encojió La Huerta! – Grité.

Segundos después entendí todo. Había crecido, ya no era lo mismo. ¡Que risa! ¡Mira el frijol! ¡El cuarto dónde tardábamos horas en encontrarnos cuando jugábamos escondidas! ¡Yo cabía dentro de este closet!

Todo se veía tan diferente. Y hoy, después de creo que siete años de no volver desde esa vez que metieron La Huerta a la secadora y se hizo más pequeña… Voy a ir. A encontrarme con lo mismo pero diferente. Ver gigantes a mis primos y diminuto el columpio… el Jueves… Otra boda me lleva a Cuahutémoc, Chihuahua.

Al pensar en que volvería me acordé de esta anécdota y pensé que tal vez así era la vida:

Cuando se es chica se tiene una visión tan distinta de las cosas. Yo planeaba la edad a la que me iba a casar en un jueguito que hacía en la primaria… encerrabas en un cuadro los años que querías tener y luego salían rallitas de ese cuadro y nombrabas supuestos candidatos, lugar de la luna de miel, dónde vivirías…

Miraba a los adultos y pensaba que ellos ya no tenían miedo, no se hacían pipí en la cama y eran fuertes y grandes ¡Como el tanque de agua! Pero al llegar a mis veintisiete me di cuenta que no soy ni imponente cual tanque, ni olímpica como alberca, ni doblemente profesional como la cancha de basket. ¡Dios mío! He defraudado a mi niña interior.

¿Cómo explicarle que no soy un superhéroe? Que no me han llamado para invitarme a salir y que no tengo ni el jeep ni un conejo…

Y ni cómo explicarle lo de la galería de pinturas que brilla por su ausencia y mi libro que sigue atrapado en “Word”. Que ya pasé hace años la edad que colocó en el cuadro de ese juego de primaria y que no soy tan grande como se imaginaba… sino pequeñita y fácil de recorrer… como el frijol.

No tengo dónde esconderme… como lo hacía en el cuarto de mi tío Quico… Y el hecho de que ella se haya dado cuenta me provocó el mismo sentimiento que viví cuando dimos vuelta a la derecha y con altas expectativas mire los ojos de mi novio que me preguntaba ¿Esta no es la super alberca que decías verdad? ¿Hay otra más atrás?

Noup… ya no había nada más. Ahí estoy… imaginándome frente a la niña… Con mi pelo suelto… bonita… como se lo prometí… excéntrica… como era ella… y mientras sus trensitas francesas engomadas me miraban… me puse roja… Ella se acercó… estiró su manita y yo me agaché. Me tocó los cachetes… reconociéndome… Levantó sus cejas naturales y sin decir nada me sonrió y después de la sonrisa… las carcajadas. Yo igual… nos reímos. Nos echamos en el pasto y me pidió que le contara mis historias de amor… cómo se sentían los cólicos y si mi mamá la cuidaría siempre.

Acostadas con los brazos como almohadas viendo el cielo llegamos a la conclusión de que la vida es muy graciosa, muy creativa y demasiado intensa.

¡Somos manzanas verdes con sabor a limón! Nunca vamos a terminar de madurar… y cuando tenga cincuenta voy a pensar en qué pequeña estoy… así como ahora me siento diminuta. Y tal vez siga sin mi galería y sin publicar mi libro… y llegue después a los sesenta… Si Dios me da licencia… y tal vez muera… y me convierta en la mermelada más rica del mundo… la que hacía Florita… con las manzanas verdes de su Huerta.


9 comentarios:

  1. Lo lograste...te has convertido en escritora; por lo menos de esas que la gente normal como yo adora. La escritora que abre el grifo, por el que se despiden litros de sentimiento puro. Felicitaciones, he sentido tu escrito. Me subi al carro contigo y te acompañe. Se nota que hay una estructura, hay formay sobre todo fondo. Las analogias son hermosas y puedo inclusive oler... Un abrazo y de nuevo te felicito Lucy You. // alejo espinosa

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  2. Hola tuuuuu!!!! Que sea Alejo Espinoza el que me esté diciendo esto... es algo así como que Pelé felicitara a un niño común y corriente por su despempeño en un partido de fut... Pensé que no me leías... bueno tal vez fue el primero no se... Te agradezco y te mando un abrazo... espero verte online pronto para platicar!!! :) Lucy You...

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  3. Che Lucia... se me hizo un nudo en la garganta cuando terminé de leer tu entrada ._.
    Qué bárbara, que bonito escribes.
    Te mando un abrazo enorme, me dió mucho gusto encontrarte ese otro dia en el Americana porque, aunque no nos llevamos mucho, siempre me has provocado una sensación de felicidad y plenitud cuando apareces.. y es algo bonito de sentir :)
    Cuidate y sigue escribiendo!


    Cau Barba ;)

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  4. Me dieron ganas de perderme en la casa de Coyo. :)

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  5. Lucillita,me encantó, como todo lo que escribes, pero éste en especial me llegó al corazón, me hizo llorar de emoción y de nostalgia, para mí pensar en la huerta, en lo que disfrutamos ahí, es uno de mis recuerdos atesorados, que bueno que heredaste la sangre de Poeta y escritor de mi abuelo, felicidades mi reina, te quiero mucho.

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  6. Me encantan tus escritos y no me canso de leer tu libro, solo espero que jamas dejes de escribir para seguirte leyendo.. :)

    www.chicpineapple.blogspot.com

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  7. Aplausos de pie. ¡Qué manera de volver a vivir las cosas! Es una delicia leerte y compartir estos momentos contigo.

    Gracias :)

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