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lunes, 17 de febrero de 2014

DE LA MANO



Una de las “desviaciones” que ha tenido mi vida es que hice alguna vez a mi búsqueda de la pareja ideal, mi misión de vida. Y al no encontrar a ese “te one” no le hallaba sentido a nada, me consideraba en una eterna sala de espera…

Hoy pienso diferente, hoy me levanto y grito la devoción que le tengo a mi verdadera misión, que es contagiar al mundo mi amor por la vida: en las redes sociales, en el supermercado, en un café con una amiga, en el programa de radio y donde pueda… punto, no hay más. ¿Y la pareja? La pareja sigue siendo algo igual de importante que antes, la diferencia se encuentra en que es un compañero de misión de vida, no la misión misma.

Es igual de intenso y de sabroso, porque el amor de pareja se deja a un lado (no a un lado en cuestión de olvidarnos de eso, sino en cuestión a que sí, va a un ladito de nosotros caminando, compartiendo los mismos chistes, penas, buenas noticias, goles).



Es por eso que en este escrito me declaro fuera de la sala de espera y me muevo a la sala de recordar todo lo que vengo a hacer a este mundo, y después paso a la sala de la acción, porque no nací para estar estática por miedo al miedo y creo que tú tampoco.

Y no le resto importancia al amor, al contrario, quiero enamorarme de la vida a través de todo lo que existe, a través de alguien más por su puesto, enamorarse no deja de convertirse en una plena felicidad que no puede cuantificarse. Nada está peleado, todo va: DE LA MANO.

Por que es cierto, cuando un ser humano no hace lo que está destinado a hacer a este mundo no creo que sea feliz y al no serlo busca la felicidad en otra persona.

Pero para mí (en mi corta y humilde experiencia) la felicidad es saber que estamos en el camino a lo que venimos a hacer, en la situación que sea, en un bache, en una cima, es igual, porque de todas formas estamos ahí.

Me pasa de pronto que en mis crisis de identidad, de búsqueda, de encontrar respuestas, siempre hay algo que me deja tranquila: me siento en el camino. Ya si de pronto estoy pasando una mala racha no me importa porque sé que es parte del andar.






Así que dentro de mí y a pesar de todo no pienso detenerme. No quiero más una sala de espera y no quiero que el miedo interrumpa mi plan de acción, incluso pienso usarlo de aliado para crear una adrenalina, contar hasta tres y hacer las cosas empapada de él.



Así que hoy me pongo de pie después de tanto pensar. No conozco el camino porque no lo he recorrido, pero no por no conocerlo me niego a él: Vida, échame la mano que voy con todo.



¿Y el amor? El amor llega cuando amas… el amor te atraviesa iluminando todos los órganos del cuerpo cuando decides abrirle la puerta… el amor traspasa, construye, apoya tu misión. El amor no niega tu identidad, el amor llega para hacerte piojito, no para causar angustias… el amor llega para que recuerdes que cuando amas, esa es la recompensa aunque amar a ti te bastara.


El amor de pareja, el amor a tu familia, el amor a tu ciudad… el amor es un boomerang, aunque amemos desinteresadamente, todo se regresa de golpe y te retumba adentro y con ese motor no puedes no ponerte de pie y volver a devolverlo todo.

El amor que me han dado me pone hoy de pie. Contenta, sin saber qué onda bien del todo, pero con la certeza de que estoy en el camino y con ganas de devolver lo que me han regalado… todo lo que viene… va.



Recibe este escrito, es mi boomerang. Tómalo y lánzalo a quien más confianza le tengas, porque si algo he aprendido de la vida es que justo cuando se es más feliz no te basta esa felicidad individual, el deseo de compartirla viene adherido a la felicidad que posees y aquí es cuando el amor de pareja va a entrar a tu vida y el “the one” o la “the one” será quien esté ahí, en ese lugar donde te encuentras, a esa hora, con esas ganas adheridas de regalarle a quien está a tu lado, esa felicidad que no puede quedarse adentro de ti. Así todo está como tiene que estar: DE LA MANO.



CONCLUSIÓN: Hacer tu misión de vida te hace feliz y eso va de la mano con compartirla con alguien más. Gracias por leer.




viernes, 14 de febrero de 2014

BUSCANDO AL HOMBRE IDEAL



¿Hasta qué punto la obsesión por encontrar a la pareja perfecta nos impide divertirnos en el camino? ¿En qué momento la exigencia por el “hombre o mujer perfecta” deja de ser sana? Sigue leyendo…

Yo tendría ocho o nueve años cuando perdí. No podía entender cómo todas se manifestaron en mi contra sabiendo yo que todas estaban equivocadas, pero respetaba la democracia y acepté la derrota. No puedo entenderlo hasta la fecha, no el hecho de haber perdido, sino que todas estuvieran de acuerdo con algo tan tonto. El mundo está mal, pensé.

Todo comenzó cuando nos sentamos en el frío piso del cuarto de deportes de Chuy, un profesor al que todas queríamos. Ese día nos juntamos las niñas en la clase porque teníamos que ponerle el nombre al equipo de Kitbol, es como “besibol” pero con el pie.

Yo era de las más buenas del equipo debido a que había crecido con mis hermanos quienes me enseñaron a ser ruda en los deportes y como líder positivo me habían nombrado la capitana.“Elegiremos el nombre que tenga más votos, todas pueden pronponer…”

Entre muchas opciones estaba aquella que se quedaría marcada para toda mi vida. ¿Cómo es que a Ale Moreno Levy se le ocurrió tal cosa sin sentido?

- Piensen niñas, un concepto que nos identifique. (siempre me he tomado muy a pecho los nombres que le pongo a las mascotas, a mis muñecas, ¡A todo! Creo que tienen que ser muy significativos y no sólo porque sí).
Pues bien, parece que el sermón que les di no les había servido de nada, para pronto sale Ale Moreno, una niña muy simpática aunque en ese momento no me acusó gracia y dijo:
- ¡Ya sé! ¡Globitos y corazoncitos!

Justo cuando acababa de terminar de decir “tos” de la palabra corazoncitos yo ya estaba pensando en la estupidez de nombre que era eso, pero al mismo tiempo de que eso entró en mi cerebro todas gritaron:“siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii”
Ese fue el día en el que me derrocaron. No entendía por qué razón no le daban importancia al significado del nombre, el que iba a aparecer en el diploma que ganáramos, “Globitos y corazoncitos” no es que sonara mal pero no tenía nada que ver…

- ¿Por qué ese nombre? – pregunté.
- ¡Está padre! – me dijeron todas como si yo no entendiera.

El voto fue unánime, a excepción por la rubia líder pero no podía hacer más, necesitaba llevar al equipo por el buen camino y lo primero era demostrarles que la democracia era un valor primordial.

Pero odiaba el nombre, odiaba verlo en el pizarrón cuando escribían “hoy juegan Globitos y Corazoncitos contra Ositos Panda”. ¡Que asco! Los otros nombres también eran una barbaridad. Todo el mundo de niñas estaba contra mí.

Es un sentimiento indescriptible sentirte tan diferente a los demás y no entender por qué todos están de acuerdo con algo que te parece repugnante. Y peor aún es tener que forzar a adaptarte a esa situación con la que no estás de acuerdo. 

No podía entender cómo podía valerles un nombre y no pensar mejor y quedarse con la primera idea. ¡El nombre lo es todo! Pensaba.

A veces creía que yo era la que estaba mal porque todas creían diferente. Era tan fácil escuchar un nombre bonito y quedárselo sin pensar y comenzar a vivir y divertirse. Yo no podía divertirme con un nombre tan mediocre. Un nombre sacado de la nada, sin saber qué es lo que significa, a dónde me va a llevar y peor aún, saber que estará impreso en mi diploma para siempre. Ya no sé si quería ganar sólo por eso. Pero jugué.

Pateábamos la pelota tan lejos como podíamos y éramos un grupo muy unido, a decir verdad me gustaba tener a Ale con nosotras. Era una niña alivianada que nada le parecía mal y todo hacía de buena gana y con sonrisas. Parecía un cupcake. Yo era una hoja en blanco con miedo a empezar a escribir. Ella escribía y si se equivocaba agarraba otra. Yo no podía gastarme hasta saber lo que quería. Era desesperante verlas correr sin pensar en nada y yo no poderme quitar de la cabeza los estúpidos globos y los cursis corazones pero creo que ya lo dejé muy claro.

Quedamos campeonas creo… no pude disfrutar la victoria como quisiera pero así pasó.
Como tú y todo el mundo crecí. Seguía siendo esa niña obsesiva que necesitaba un concepto, una idea general para arrancar una tarea, un proyecto personal… así que ser creativa en una agencia de publicidad me vino muy bien. Siempre les insistía a todos que la campaña publicitaria debía de trabajarse bajo un concepto muy claro y definido.
En fin, algunos sabrán que me encanta revolver experiencias de la infancia ligadas a otros conceptos y hoy hablando del amor en la mañana pensé que soy una niña igual de ideática para enamorarme que para escoger un nombre.

 Así que a modo de juego enumeré las oraciones de los párrafos de arriba pero en vez de ponerle la palabra “nombre” le puse “hombre” y esto fue lo que obtuve.

- Quería un hombre que me marcara para toda la vida.
- Quería un hombre con el que me identificara.
- Un hombre que fuera significativo.
- Un hombre al que le diera importancia.
- Que me gustara el simple hecho de verlo (anotado en el pizarrón).
- Un hombre que valiera.
- Que no sólo fuera el primero que se te ocurrió.
- Que no fuera mediocre.
- Que fuera un hombre que eliges no sólo porque es bonito.
- Que no fuera sacado de la nada.

¿Hasta qué punto la obsesión por encontrar a la pareja perfecta nos impide jugar un divertido juego como lo hizo Ale y divertirse incluso si no ganas un diploma? ¿Cuánto tiempo es oportuno “esperar”? ¿Hasta qué punto la exigencia deja de ser sana?

Todas esas preguntas vinieron a mi cabeza y entendí que algo de razón debía de tener toda una multitud de niñas felices cuando yo era la única inconforme. Lo averiguaré un día, pensé. Y es que desde hace tiempo que vienen estas ideas a mi cabeza y saberme diferente a veces me hace pensar que “estoy mal” porque todos eligen a su pareja, se equivocan, tienen otra y son felices.

No declaro que yo soy infeliz pero es que no puedo conformarme con algo que no me llena. ¿Qué es más importante aquí? Creo que el punto radica en el que a veces dejamos de vivir por pensar tanto, nos quedamos estáticos ante el miedo de una elección, nos escondemos tras nuestras exigencias en vez de conocer a alguien como dice Elvis Crespo “suavemente”.  Observa a tu alrededor, a tu mejor amigo o amiga, a ese niño o niña que das por sentado porque siempre está contigo o a ese compañero de trabajo que le hace su luchita… todos son una posible historia… ¿Quiéres no vivirla por estar esperando a la persona ideal? No te estoy diciendo que te cases con él, te estoy diciendo que lo veas… que realmente lo veas y lo conozcas y te dejes convivir.

A veces entramos en un royo muy “intenso” de querer conocer a alguien justo como lo tenemos en la mente y tal vez esa persona no exista, o bien, no sea la indicada para nosotros. ¿Realmente sabemos lo que queremos? Por ejemplo, si jamás le hubiera puesto a mi equipo “Globitos y Corazoncitos” y si hubiera encontrado el nombre “perfecto”, no estaría aquí con ustedes platicando de mi trauma infantil, de hecho, ahorita no me estarían leyendo, estarían haciendo otra cosa y no tendríamos esta conexión cósmica que creo que tenemos ¿tú no lo sientes así? Entonces el dicho de “por algo pasan las cosas” no está tan gacho después de todo.

Ya me hice bolas. Continuando con los globos y corazones del asco, pensé en San Valentín y el escrito cursi que seguro me tenía que aventar para no quedarles mal con el día. Pero ¿qué puedo decir del amor?  – Me dirán ustedes por saber que estoy soltera –.

Lo que pienso es que muchas veces nos traumamos y diario estamos viendo lo que no tenemos. Si estamos solteras vemos románticas parejas dándose un beso y pensamos en nuestro interior cuándo seremos nosotros esa niña que se ve tan feliz. Y cuando estamos con novio estamos traumadas por ver a nuestras amigas que se van a ir de fin de semana todas a Las Vegas. ¿Quién entiende a los humanos? Igual con los hombres, ¿No les pasa a ustedes también? Díganme si no se sienten identificados con la idea de que se tardaron tres años en conquistar esa niña guapísima y ya que es su novia no valoran igual su belleza como cuando la veían de aparador caminando por la calle y no podían ni hablar. No sé tal vez no sea así pero me dí a entender?

Así pasa. Somos raros. (Jaja quiero que todos sean para no sentirme tan mal) pero en realidad así es. Yo ando con mis trips de pensar que tal vez le debo de bajar un poco a la exigencia de la idealización del “nombre” perfecto y divertirme con alguien que esté al lado mío y tengamos cosas afines, creces como persona, ganas un amigo y quien quite y pase algo diferente a lo que imaginabas, porque pasa algo mucho mejor.

Las fuerzas de la naturaleza actúan mientras estamos intentando escribir una historia diferente y nos sorprenden con momentos aún mejores.

Creo firmemente que no vamos a enamorarnos  de alguien que no conozcamos, así que dediquémonos a conocer al sexo opuesto (o el sexo por el que nos sentimos atraídos) explorar sus gustos y sus afinidades y ser detallistas. En mi experiencia les puedo decir que las mejores relaciones surgen de los mejores amigos.

Déjense de “no está tan chida del cuerpo” o “Dicen que es medio celoso” y ¡Conozcan! Salgan con ese niño que le han dicho que no siete veces o inviten a la hermana de su amigo que saben que tiene un crush con ustedes, total, no estás jugando con ella, la estás conociendo… en pocas palabras ¡Que comiencen los juegos!

Yo por ideática no disfruté mi torneo de Kitbol y ni me casé con él jajaja. Este 14  por ejemplo, pueden salir con alguien si quieren y pasársela bien. Créanme, se los digo como niña, nos gusta que nos inviten a salir ese día aunque en el fondo digamos que nos vale y que es pura mercadotecnia. ¡Que viva la mercadotecnia si ella me lleva a pasar un día especial!

Buscamos pretextos para evitar sentir, para no ser cursis, para no darle importancia al romance, al amor a una oportunidad para estar con alguien. Pero ahí andamos besando sapos de bar en bar.

Por eso ciudadanos, este 14 de febrero yo digo que no empiecen con “es que si la invito ese día va a creer que quiero con ella” y las niñas tampoco se pongan sus moños. ¡Salgamos! O si no va a ser hoy, al menos dedícale dos minutos a tu día a identificar todo aquello que tu corazón tiene adentro y te impide amar. Porque todos tenemos derrotas escritas en el corazón que nos hacen no entregarnos como nosotros sabemos y somos, y esas heridas, si afectan, no están cerradas, y si al contrario, te hacen ser mejor persona y hasta las agradeces… ya son hermosas cicatrices y parte fundamental de tu historia personal y del por qué eres tal y como eres.

 Y obviamente también consideremos que es día de la “amistad” no sólo de los Globitos y Corazoncitos, mira a tu alrededor, todos aquellos amigos que te han ayudado en el camino.

En fin compañeros voy a subir así este escrito, ya me harté de todos los borradores que tengo y que no subo porque “no estan perfectos” voy a dejarme de cosas, de ser la líder incómoda que se quedó con las ganas de un nombre perfecto y así se pudo haber quedado toda la temporada mientras todas las demás jugaban kitbol. (No hablo de que nos conformemos) Hablo de que a veces si vemos a alguien y no lo etiquetamos enseguida como “el hombre perfecto” ya no decidimos conocerlo más afondo pero ¿Cómo carajos sabremos si era o no si ni siquiera lo tratamos más a fondo por la barrera de haberlo etiquetado como persona casual?

Alguien muy sabio dijo “Nadie ama lo que no conoce” así que levántate del frío piso y juega. Este mensaje se autodestruirá en 10, 9, 8, órale agarra tu cel y márcale a esa persona que se te vino a la mente! (Y nada que en eso suena mi cel) jajaja broma.

Hasta la próxima, no olvides dejar tu comentario y los que me hicieron caso díganme cómo les fue. ¡Ah! Otra cosa… Pongan su mail en el comentario porque hay algunos que me han dado ganas de contestar y no sé cómo… los quiero, les mando polvitos mágicos hasta donde estén… aférrate a ese impulso de hacer algo extraordinario, después de dos minutos se baja la emoción y volvemos a ser personas normales y no venimos a este mundo a pasar desapercibidos.

Un beso a todos en este día y les mando todo ese amor tan grande que no es otra cosa mas que devolverles lo mucho que me han dado.


Los quiero lectores hermosos, los quiero con todo mi corazón y globitos. Jajaja.

jueves, 13 de febrero de 2014

CORAJE DE VIVIR


Amanecí, me puse unos pantalones de rayas blanco con negro (quería estrenar mis zapatos escolares que seguro a nadie le gustan pero los amé en secreto y los pagué antes de que Yull me dijera lo horribles que estaban) Eran míos antes de que alguien pudiera juzgarlos, ya en mis pies no dejaría que los ofendieran. Los pantalones no le hacían justicia a la hermosura de zapatos… me cambié. Cambié pensando “Lucía, necesitas algo más…”

            Claro, de pronto uno sabe que lo que tiene no es suficiente y que cuesta trabajo cambiarlo pero es necesario y ¿Saben por qué? Me levanté con grandes deseos de ser feliz.

            Tomé un pedacito de brownie que hice ayer y luego… y luego tomé más… “Le voy a llevar a Lupita y a Ale” son las que se encargan de que el edificio de la oficina esté lindo y además son mis amigas. Así, una vez que ya tenía la trenza echa y mi camisa de cuadritos puesta, tomé mi llavero nuevo y me subí al Chevy.

            “Por la señal de la Santa Cruz…” comencé a rezar como todas las mañanas. “Dios, amanecí de genio, y en realidad todo en mi vida va bien… pero traigo genio, es algo meramente y cíclicamente hormonal pero no quiero que mi mal humor apague mi día porque realmente quiero tener un buen día hoy… ¿Me ayudas? ¿Me ayudas a controlarme?”

             Busqué en Youtube “Música para relajarme en el trabajo” y fui por café. Ahí estaba Ale quien pronto me sirvió una taza. Le dije de los brownies… me regresé a trabajar.

            Sorbí el café. Sorbí el café y me acordé de ayer en la noche mientras me tomaba una cerveza con un amigo y jugábamos a “¿Qué nos hace felices?” Él decía una cosa y luego otra… mi primera cosa que me hacía feliz la conté así:
           
            Me hace feliz llegar al trabajo, servirme un café, darle un sorbo y que me entre un contentismo tal, que pueda escribir una novela en ese segundo porque la inspiración explota cinco minutos antes de que suene el teléfono o algo me interrumpa… amo, amo y me hacen muy feliz esos cinco, diez, o quince minutos de la mañana donde puedo conectarme conmigo misma y escribir desde las entrañas sí señor…

            Tomé el sorbo recordando lo de ayer y empecé a escribir este intento de letras. Amo escribir, amo conectarme contigo, amo el contentismo, amo la inspiración, tengo tantas historias en mi cabeza, tantas cosas que contar, quisiera un mes encerrarme en un hotel sólo para escribir sin que nada me interrumpa más que Beethoven, Mozart, algo de trova… Air Supply.

            Tengo todo que decir y de pronto a veces los ciclos de la vida son tan rutinarios que no logro conectarme conmigo misma cuando tengo el tiempo de escribir (porque siempre tenemos tiempo para hacer lo que amamos pero no siempre logramos tener los ingredientes en ese instante…) y así pasa el tiempo y me desespero, como si mis letras quisieran salir de mi cuerpo y las aprisionara con la rutina…

            Por eso hoy de mañana, valiéndome todo lo que tengo que hacer… me dejé sentir. ¿Cómo no hacerlo? Y me acordé que si lo que me hace feliz es esto, necesito respetarlo. Necesito amar lo que amo. Necesito desbordar todo el amor que tengo adentro porque “La felicidad sólo es real cuando es compartida…”

            Quiero decirles tantas cosas… tantas y tantas cosas… espero, con fuerza de voluntad, paciencia e intentando conectarme conmigo… poderte compartir lo que adentro me hace tan feliz y contagiarte todo el amor por la vida que me mantiene así… con ganas de que aunque amanezca con genio… pueda transformar mi día porque quiero, porque puedo y porque me da la gana…

            A ser felices compañeros de vida… que la rutina no tiene por que ser la antagonista de nuestra vida sino una aliada que a veces no valoramos. Que viva este día… que todo les salga increíble. Los quiero.
jijijiji Los quiero.

Les dejo la música que encontré para relajarse en el trabajo.





lunes, 13 de enero de 2014

CADA VEZ QUE ME PONGA DE PIE


Desesperada caí rodillas al suelo. Era una pérdida de control sobre mi capacidad de estar de pie y sintiendo que no podía caer más empecé a llorar. ¿Qué es en sí lo que nos saca de nuestras casillas cuando estamos ante una crisis? 

Dicen que los problemas se llaman así porque tienen una solución, que si no la tuvieran no serían un problema. Veo a mi alrededor y cada quién se enreda en los propios y cada quién disfruta o sufre la agonía de resolverlos…

Yo decidí caer al suelo, recordar que soy vulnerable al ver agua saliendo de mis ojos y entender que lo importante de estar en el suelo es saber que es momentáneo, que yo nací para estar corriendo por todas partes.

Las situaciones que nos derrumban o golpean muchas veces nos recuerdan nuestra fragilidad y en ella encontramos la humildad que a veces nos hace falta.

Al menos, la poca humildad que corre por mis venas fue producto de esos sensibles momentos. Y en honor a la lección aprendida tomo las fuerzas para ponerme de pie y avanzo sin olvidar de dónde vengo y a donde más o menos voy…

No importa cuántas veces caigamos a comparación con la importancia de seguir viviendo… y sería una mala lección tener miedo a caminar por recordar que hemos caído, el verdadero mensaje de la caída siempre será que no importa lo duro del golpe, siempre podemos levantarnos. El miedo es una niñera floja que prefiere que no salgamos a jugar para no andarnos cuidando para todos lados.

No será la primera ni la última que me caiga desesperada de rodillas al suelo en una pérdida del equilibrio… como tampoco será la primera o la última vez que me ponga de pie.









martes, 19 de marzo de 2013

CUANDO PASASTE


Mi maestra de Escritura Creativa está intentándonos hacer escribir ficción. No se imaginen escribir cosas fantasiosas como crear seres con orejas alargadas y hadas, a ficción se refiere con salirnos de nuestro mundo y crear otras historias más allá de las mías. Dejar que viva un personaje llamado Laura que bajaba las escaleras cuando de pronto se topó a Luis y saludándolo como si fuera un día normal nunca se imaginó lo que él venía a decirle: Había embarazado a otra mujer.

            Así que en mi buscar salirme de mí misma y dejar que asesinatos y otros males pasen en mis textos me vi en la problemática de darme cuenta que soy una narcisista y diario hablo de mí.

            Esperando mejorar los dejo con mi primera tarea. Tenía que hacer un texto con 5 palabras que no le gustaran a un compañero del salón. A ver si descubren cuáles son. Y ojo, no se dejen llevar con la finta de que vengo llegando de París y por eso escribí de ese lugar porque el texto lo hice antes. Y lo comparto con la alegría de que cuando les pregunté que si les importaba si subía mis tareas tuve más likes de los que había pensado. Así que ahí va. Espero les gusten mis pininos de ficción.





Cuando pasaste.
Por Lucía la de Flor



A punto de arrojarme por el puente con vista al lago, me vi interrumpido por aquella gritona mujer. “Quien osa obstaculizar mi suicidio” Pensé enfadado.

-       ¡Pasé! ¡Pasé! – Me dijo ella, sin percatarse de que estaba poniéndole fin a mi vida. - ¡Mira! – Me enseñó el examen.
-       Es un seis. – Dije.
-       ¡Exacto! ¡Pasé!

Conmemoré en mi mente lo erudito que había sido durante mi niñez y la manera en la que los psicólogos me hallaban irritante mientras los compañeros de la escuela me apodaban el “sabelotodo”. De pronto, ver la felicidad de aquella mujer casi niña de bufanda a colores y medias de rayas de otros tonos que no tenían que ver con los primeros me hizo dejar en el olvido mi trágica enmienda y analizar de una buena vez su examen con una letra que parecía escritura cuneiforme, pero le entendí.

-       ¡Hombre si esta respuesta era obvia! ¿Cómo va a ser menos diez? Si sumas la velocidad y la fuerza dan cinco.
-       ¡Que importa! Pasé y ahora soy libre.

Quince minutos fueron los que Violeta Montes necesitó para contarme su deplorable existencia donde sus millonarios padres murieron quedado a la tutela de un tío que sólo había visto dos veces advirtiéndole “Cuando termines tus estudios cobrarás la herencia que el testamento objeta…”

-       ¿Sabes lo que eso significa? ¡Soy millonaria y viajaré por el mundo! ¿Quieres hacerlo conmigo? Puedo pagarlo todo, deja tu trabajo, deja a tu mujer ¡Somos libres!

Que simpática – Cavilé, y la sonrisa ladeada tan típica en mí apareció escasa, pero al final una mueca que profesaba extinta.
 
-       No te quedes ahí como menso ¿Ya conoces París? ¿Cómo te llamas?
-       Renato y no, no conozco París.
-       ¿Tienes Pasaporte?
-       Sí.
-       Vamos a tu casa, nos vamos hoy mismo.

La mandamás me jalaba y sin desistirme caminé las siete cuadras a su lado, escuchando el tour que viviríamos.

-       ¿No tienes familiares? ¿Amigos? – Le pregunté.
-       ¡No voy a invitar a toda la comarca! Anda empaca rápido.

Doblé aquellas camisas que sólo usaba en días especiales y como estos últimos habían sido una pesadilla estaban limpias. 

-       Dos para París, primera clase señorita, el más pronto que tenga. – Dijo al llegar.
-       ¿Vienen de luna de miel?
-       ¡Ja! Este hombre no es ni mi amigo, pero decidimos viajar juntos.

“Decidimos” recapacité riéndome esta vez con las dos comisuras. Pero después me puse serio y deduje que era cierto, yo también había decidido viajar con la parlanchina niña, casi mujer, a conocer lo que siempre quise con Melissa, Paris. ¡Ah! Melissa, si tan sólo hubiera sido más accesible, si sus malditos padres no vivieran como los de Violeta, si no hubiera sido tan berrinchuda y egocéntrica. Si hubiera visto el mundo con los ojos con los que lo hace Violeta, si hubiera sido Violeta…

-       Si sigues así de callado y con cara de bobo cambio de pareja. – Interrumpió mis pensamientos mientras nos abrochábamos el cinturón. Vamos a comer muchos postres así que prepara a tu estómago. – Siguió diciendo - ¿Eres alérgico al camarón? Lo bueno es que caminaremos mucho y no sé, tal vez nos enamoremos así que vete olvidando de todas tus musas que soy celosa, ¡Ah! Y no me gusta que me besen de lengüita, hazlo lento y toma mi cuello con tus manos, y que no pase muy rápido ¡Como en las películas!. – Ella seguía describiendo nuestro viaje perfecto y yo me fui enamorando por segundos como especulé que no sería posible hacerlo. “No es guapa como Melissa” Pensé mientras ella seguía zarandeando la boca diciendo no sé qué cosas cuando caí oficialmente a sus pies.
-       Dormiremos juntos ¿No te pone nervioso eso? – Interrumpió mi mente otra vez y luego siguió diciendo – Nunca he hecho el amor. He tenido sexo ¡Huy! Y ¡Qué buen sexo! Pero nunca, nunca he hecho el amor. ¡Y en París! ¿Ves cómo todo es perfecto?

Realmente todo sentaba algo más que perfecto, estaba siendo real y sin meditar en la incoherencia de todos los sucesos me dejé llevar por esta novela que sentía mía y por primera vez era el protagonista. Nada que ver cuando estaba con Melissa.

-       ¿Te gustan las crepas?
-       Me gustas tú. – Le dije y descubrí que aquella merolica sí tenía un botón de “off”. Se chiveó.

Pasaron pocas horas y confirmé que París es la ciudad del amor, donde nace y donde se hace con el mayor goce que pudiera hacerse jamás. O tal vez no fue la ciudad, tal vez era Violeta, quien supondría que había sido creada solamente para mí. ¿Por qué había pasado por el puente aquella tarde? ¿Por qué cuando duerme se acurruca tan perfecto? ¿Por qué sueña despierta? Preguntas y días que pasaban y mi corazón no supo oponerse. Así que seguimos por las islas griegas y terminamos en la India una noche de copas. Nunca pronunció un te quiero pero tierna algunas veces expulsaba un “estoy siendo tan feliz, eres tan divertido, me haces sonreír” y demás elocuencias que no creía detectara en mí.  O a veces más bien no podía entender que Melissa no lo hubiera hecho.

¿Qué había en Violeta que lograba lo mejor de mí? Nunca lo supe ni me incumbía. Pero una duda sí saqué de mi corazón y la puse sobre la mesa una tarde mientras tomábamos el café en la plazuela de Toledo. Ella balbuceaba cosas y se enredaba más que el trabalenguas de parangarícutirimícuaro que nunca aprendí y entre embrollos reclamé el uso de palabra.

-       ¿Qué hubiera sido si no hubieras pasado el examen? – le dije y recordé todas las noches en las que hacía consciente que tal vez no estaría vivo si aquella tarde no hubiera gritado justo por ahí donde me privaría de mi existencia. Ella sonrió y contestó a carcajadas:

-       No lo sé, probablemente me habría tirado de aquel puente. –Como si suicidarse fuera divertido.

Sorbí el café y rectifiqué el sentimiento que meses antes me orilló a aniquilarme: La vida no tiene sentido. Era verdad, razoné que en efecto nada en la vida lo tiene porque cada quién se lo da. Y dejando atrás el pasado menos el día que pasó el examen y por el puente, la besé.