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lunes, 13 de enero de 2014

CADA VEZ QUE ME PONGA DE PIE


Desesperada caí rodillas al suelo. Era una pérdida de control sobre mi capacidad de estar de pie y sintiendo que no podía caer más empecé a llorar. ¿Qué es en sí lo que nos saca de nuestras casillas cuando estamos ante una crisis? 

Dicen que los problemas se llaman así porque tienen una solución, que si no la tuvieran no serían un problema. Veo a mi alrededor y cada quién se enreda en los propios y cada quién disfruta o sufre la agonía de resolverlos…

Yo decidí caer al suelo, recordar que soy vulnerable al ver agua saliendo de mis ojos y entender que lo importante de estar en el suelo es saber que es momentáneo, que yo nací para estar corriendo por todas partes.

Las situaciones que nos derrumban o golpean muchas veces nos recuerdan nuestra fragilidad y en ella encontramos la humildad que a veces nos hace falta.

Al menos, la poca humildad que corre por mis venas fue producto de esos sensibles momentos. Y en honor a la lección aprendida tomo las fuerzas para ponerme de pie y avanzo sin olvidar de dónde vengo y a donde más o menos voy…

No importa cuántas veces caigamos a comparación con la importancia de seguir viviendo… y sería una mala lección tener miedo a caminar por recordar que hemos caído, el verdadero mensaje de la caída siempre será que no importa lo duro del golpe, siempre podemos levantarnos. El miedo es una niñera floja que prefiere que no salgamos a jugar para no andarnos cuidando para todos lados.

No será la primera ni la última que me caiga desesperada de rodillas al suelo en una pérdida del equilibrio… como tampoco será la primera o la última vez que me ponga de pie.









martes, 19 de marzo de 2013

CUANDO PASASTE


Mi maestra de Escritura Creativa está intentándonos hacer escribir ficción. No se imaginen escribir cosas fantasiosas como crear seres con orejas alargadas y hadas, a ficción se refiere con salirnos de nuestro mundo y crear otras historias más allá de las mías. Dejar que viva un personaje llamado Laura que bajaba las escaleras cuando de pronto se topó a Luis y saludándolo como si fuera un día normal nunca se imaginó lo que él venía a decirle: Había embarazado a otra mujer.

            Así que en mi buscar salirme de mí misma y dejar que asesinatos y otros males pasen en mis textos me vi en la problemática de darme cuenta que soy una narcisista y diario hablo de mí.

            Esperando mejorar los dejo con mi primera tarea. Tenía que hacer un texto con 5 palabras que no le gustaran a un compañero del salón. A ver si descubren cuáles son. Y ojo, no se dejen llevar con la finta de que vengo llegando de París y por eso escribí de ese lugar porque el texto lo hice antes. Y lo comparto con la alegría de que cuando les pregunté que si les importaba si subía mis tareas tuve más likes de los que había pensado. Así que ahí va. Espero les gusten mis pininos de ficción.





Cuando pasaste.
Por Lucía la de Flor



A punto de arrojarme por el puente con vista al lago, me vi interrumpido por aquella gritona mujer. “Quien osa obstaculizar mi suicidio” Pensé enfadado.

-       ¡Pasé! ¡Pasé! – Me dijo ella, sin percatarse de que estaba poniéndole fin a mi vida. - ¡Mira! – Me enseñó el examen.
-       Es un seis. – Dije.
-       ¡Exacto! ¡Pasé!

Conmemoré en mi mente lo erudito que había sido durante mi niñez y la manera en la que los psicólogos me hallaban irritante mientras los compañeros de la escuela me apodaban el “sabelotodo”. De pronto, ver la felicidad de aquella mujer casi niña de bufanda a colores y medias de rayas de otros tonos que no tenían que ver con los primeros me hizo dejar en el olvido mi trágica enmienda y analizar de una buena vez su examen con una letra que parecía escritura cuneiforme, pero le entendí.

-       ¡Hombre si esta respuesta era obvia! ¿Cómo va a ser menos diez? Si sumas la velocidad y la fuerza dan cinco.
-       ¡Que importa! Pasé y ahora soy libre.

Quince minutos fueron los que Violeta Montes necesitó para contarme su deplorable existencia donde sus millonarios padres murieron quedado a la tutela de un tío que sólo había visto dos veces advirtiéndole “Cuando termines tus estudios cobrarás la herencia que el testamento objeta…”

-       ¿Sabes lo que eso significa? ¡Soy millonaria y viajaré por el mundo! ¿Quieres hacerlo conmigo? Puedo pagarlo todo, deja tu trabajo, deja a tu mujer ¡Somos libres!

Que simpática – Cavilé, y la sonrisa ladeada tan típica en mí apareció escasa, pero al final una mueca que profesaba extinta.
 
-       No te quedes ahí como menso ¿Ya conoces París? ¿Cómo te llamas?
-       Renato y no, no conozco París.
-       ¿Tienes Pasaporte?
-       Sí.
-       Vamos a tu casa, nos vamos hoy mismo.

La mandamás me jalaba y sin desistirme caminé las siete cuadras a su lado, escuchando el tour que viviríamos.

-       ¿No tienes familiares? ¿Amigos? – Le pregunté.
-       ¡No voy a invitar a toda la comarca! Anda empaca rápido.

Doblé aquellas camisas que sólo usaba en días especiales y como estos últimos habían sido una pesadilla estaban limpias. 

-       Dos para París, primera clase señorita, el más pronto que tenga. – Dijo al llegar.
-       ¿Vienen de luna de miel?
-       ¡Ja! Este hombre no es ni mi amigo, pero decidimos viajar juntos.

“Decidimos” recapacité riéndome esta vez con las dos comisuras. Pero después me puse serio y deduje que era cierto, yo también había decidido viajar con la parlanchina niña, casi mujer, a conocer lo que siempre quise con Melissa, Paris. ¡Ah! Melissa, si tan sólo hubiera sido más accesible, si sus malditos padres no vivieran como los de Violeta, si no hubiera sido tan berrinchuda y egocéntrica. Si hubiera visto el mundo con los ojos con los que lo hace Violeta, si hubiera sido Violeta…

-       Si sigues así de callado y con cara de bobo cambio de pareja. – Interrumpió mis pensamientos mientras nos abrochábamos el cinturón. Vamos a comer muchos postres así que prepara a tu estómago. – Siguió diciendo - ¿Eres alérgico al camarón? Lo bueno es que caminaremos mucho y no sé, tal vez nos enamoremos así que vete olvidando de todas tus musas que soy celosa, ¡Ah! Y no me gusta que me besen de lengüita, hazlo lento y toma mi cuello con tus manos, y que no pase muy rápido ¡Como en las películas!. – Ella seguía describiendo nuestro viaje perfecto y yo me fui enamorando por segundos como especulé que no sería posible hacerlo. “No es guapa como Melissa” Pensé mientras ella seguía zarandeando la boca diciendo no sé qué cosas cuando caí oficialmente a sus pies.
-       Dormiremos juntos ¿No te pone nervioso eso? – Interrumpió mi mente otra vez y luego siguió diciendo – Nunca he hecho el amor. He tenido sexo ¡Huy! Y ¡Qué buen sexo! Pero nunca, nunca he hecho el amor. ¡Y en París! ¿Ves cómo todo es perfecto?

Realmente todo sentaba algo más que perfecto, estaba siendo real y sin meditar en la incoherencia de todos los sucesos me dejé llevar por esta novela que sentía mía y por primera vez era el protagonista. Nada que ver cuando estaba con Melissa.

-       ¿Te gustan las crepas?
-       Me gustas tú. – Le dije y descubrí que aquella merolica sí tenía un botón de “off”. Se chiveó.

Pasaron pocas horas y confirmé que París es la ciudad del amor, donde nace y donde se hace con el mayor goce que pudiera hacerse jamás. O tal vez no fue la ciudad, tal vez era Violeta, quien supondría que había sido creada solamente para mí. ¿Por qué había pasado por el puente aquella tarde? ¿Por qué cuando duerme se acurruca tan perfecto? ¿Por qué sueña despierta? Preguntas y días que pasaban y mi corazón no supo oponerse. Así que seguimos por las islas griegas y terminamos en la India una noche de copas. Nunca pronunció un te quiero pero tierna algunas veces expulsaba un “estoy siendo tan feliz, eres tan divertido, me haces sonreír” y demás elocuencias que no creía detectara en mí.  O a veces más bien no podía entender que Melissa no lo hubiera hecho.

¿Qué había en Violeta que lograba lo mejor de mí? Nunca lo supe ni me incumbía. Pero una duda sí saqué de mi corazón y la puse sobre la mesa una tarde mientras tomábamos el café en la plazuela de Toledo. Ella balbuceaba cosas y se enredaba más que el trabalenguas de parangarícutirimícuaro que nunca aprendí y entre embrollos reclamé el uso de palabra.

-       ¿Qué hubiera sido si no hubieras pasado el examen? – le dije y recordé todas las noches en las que hacía consciente que tal vez no estaría vivo si aquella tarde no hubiera gritado justo por ahí donde me privaría de mi existencia. Ella sonrió y contestó a carcajadas:

-       No lo sé, probablemente me habría tirado de aquel puente. –Como si suicidarse fuera divertido.

Sorbí el café y rectifiqué el sentimiento que meses antes me orilló a aniquilarme: La vida no tiene sentido. Era verdad, razoné que en efecto nada en la vida lo tiene porque cada quién se lo da. Y dejando atrás el pasado menos el día que pasó el examen y por el puente, la besé.