martes, 7 de enero de 2014

EL TAMAÑO REAL DE LOS PROBLEMAS


De la vida he aprendido la dimensión correcta e incorrecta de los problemas… ya que pasan, cuando están sobre mí todos tienen el mismo tamaño: gigantes.

Al ver lo que tienes que vencer como un gigante no hay más que sentirte diminuta e incapacitada… ¿Es a caso que si viéramos los problemas de su tamaño real pudiéramos vencerlos de mejor manera? O al menos enfrentarlos sin zoom.

Sobrevaluar una situación, exagerarla, culparnos más de lo que fue el pecado, asustarnos más de lo que vivimos y peor aún, agregarle betún y tamaño a lo que fue con mentiras que hacemos en nuestra cabeza… ¿Cómo poder dominar este mal hábito de exagerar lo que nos aflige? ¿Por qué es que nunca es al revés?

Imagina un mundo donde la capacidad para ver los problemas está en su ajuste real y las cosas se ven del tamaño que tienen que verse, o mejor aún, se ven más pequeñas. Tal vez de este modo podríamos incluso reírnos de la adversidad como lo haría un luchador al que lo ponen a luchar contra una flácida lombriz.

Pero la realidad es que no sé por qué a veces nuestra mente está preparada para ser negativa, para esperar lo peor, muchas veces es un mecanismo de defensa que hemos aprendido y no lo niego yo utilizo esta herramienta pero ¿Por qué no pensamos que somos más fuertes que la situación y que podemos con ella y la venceremos? Tenemos miedo que al no vencerla salgamos derrotados y sin embargo si pensamos que no la venceremos, si lo hacemos salimos victoriosos.

¿Qué tiene de malo cantar victoria?

En la línea delgada entre ser soberbios y pensar que podemos con todo y nada nos derrumba o ser positivos y pensar que siempre de algún modo la vida nos ayudará con las herramientas que necesitamos en el camino es una confusión que a veces me tiene un poco pensativa.

Pero creo, de algún modo, que prefiero ser la hormiga atómica y creerme capaz de cualquier cosa que pensar que no podré con nada y rendirme antes de iniciar la batalla.

Creo que una guerra se gana un 50% con actitud y otro 50% con esfuerzos. Así que, en un mundo donde los problemas se convierten en retos para madurar, deberíamos de agradecer siempre el sabe que todo lo que llega a nosotros tiene el sabor del aprendizaje y nada de lo que nos pasa es ajeno a nuestra capacidad de salir victoriosos.

Me basta inhalar y exhalar tres veces y profundamente para volver a mi centro y no permitir que los nervios me traicionen y cambien de tamaño lo que tengo enfrente. Y aferrarme a la teoría de que un problema no es problema si no tiene solución.

Prefiero morir como una desesperanzada positiva que una cobarde que jamás si quiera envainó su espada.

lunes, 6 de enero de 2014

2013 lo siento, perdón, te amo, gracias.


Se acaba el año y me encuentro con una cobija de colores rojos sentada al lado de la fogata apagada después de un largo día de esquiar. 365 oportunidades me terminaron de conv
encer que vivir es lo mejor que me ha pasado, que nunca terminaré de aprender y que dentro de mí y de ti, se encuentra un inmenso poder de regenerarnos, de permitir que entren cosas nuevas, de aprender de diferentes personas que entran y salen de nuestra vida y sobre todo de saber que nuestro corazón no nació para estar herido, nació para volver a amar.

Este año para mí fue muy revelador, cada año que pasa digo que fue el mejor de mi vida y tengo que aceptar que lo mismo pienso de este y que probablemente el año que entra lo superaré, pero fue un gran año. Lo comencé llena de vida y planes y proyectos y algunos se me vinieron abajo y claro que lloré pero hoy río al entender - teniendo el panorama completo - que todo tuvo que ser así.

Hace mucho me contaron una historia que me encanta y que de cierta forma me la cuento a mí misma cuando no entiendo nada de la vida. Era una vez una niña pequeña sentada en el suelo que volteando hacia arriba, visualizaba a su mamá tejiendo en el aro su "punto de cruz". Pero aquella niña estaba un poco desesperada, de abajo veía puros nudos (he hecho alguna vez con mi mamá eso del aro y sí, abajo es donde uno tiene su "desmadre" y no se entiende nada).

Pasó el tiempo y la niña le dijo a su mamá que estaba confundida con lo que estaba haciendo. Ella la tomó de los brazos, la sentó en sus piernas y Voilá! Pudo ver unas hermosas flores que estaban tejidas en punto de cruz. Así la vida ¿no creen? De pronto cuando sólo tenemos unas piezas del rompecabezas nada nos parece claro, o justo, o bueno.

Este año aprendí eso... me tuve que hacer amiga de la paciencia y de aprender a ver lo que tengo y no lo que me falta o me quitaron a la par de tener que aferrarme a la sabiduría de que de todo se puede sacar frutos y que siendo siempre mi mejor amiga no hay consuelo, abrazo o cariño que me pueda hacer falta. Queriéndome a mí misma todo lo demás es ganancia.

Claro que para llegar a esta conclusión pasé de todo, comenzando por no creer en mí, pasando por el puente de culpar a Dios de mis desgracias y terminando en la desesperación, ansiedad y ganas de que algunos meses pasaran rápido y otros que se hubieran detenido para siempre.

Pero... ¿De dónde obtener sabiduría si no es de la experiencia? Ese fue mi premio, un poco de entendimiento que me trajo de nuevo la paz y me ayudó a dejar de voltear a ver a aquello que me angustiaba y comenzar a verme a mí, que era el enfoque que debí darle a las cosas desde el principio.

Conocí Europa, era algo que yo creía imposible. Abrí mi corazón al amor que era otra cosa que también encontraba difícil de hacer y de ambas cosas me llevé lo mejor que puede llevarse toda mujer: El sabor de los buenos recuerdos.

Este año rompí diferentes barreras de lo imposible, dejé que entrara la abundancia a mi vida y descubrí que a veces no es que no estemos listos para algo, es que no nos animamos a desearlo. Este año desee todo y todo llegó. Abrí los brazos y como siempre digo me fui como gorda en tobogán y a todo levanté la mano y me subí a todos los jueguitos como si fuera la Kermesse de los Xaverianos.

Creí que vendría un castigo después de tantas bendiciones y después me di cuenta que no pasaba nada si deseaba un poco más y me esforzaba por tener todas esas cosas que pensaba sólo le pasaba a la gente con suerte.

Yo quería ser una mujer más feliz, más intensa, más viva, más llena de amor, más

empática y en este año exploré todos mis rincones buscando un poco de cada cosa y en cada vivencia encontré que dentro de nosotros siempre encontraremos lo que queremos. Yo desee lo que me pasó y de algún modo, no sé en qué consista exactamente pero de algún modo algo me decía en mi interior que este sería un año de revelaciones porque de algún modo me preparé para ellas, como cuando preparas palomitas para ver una película. Me puse en el centro de donde necesitaba que me pasaran las cosas y así como pasaron, siguieron su camino... personas, viajes que quedaron en la memoria, risas, pequeñas eternidades que viviría para siempre pero que por el contrario tengo que besarlas como niños que ya se van a dormir...

Despedirte de lo que saboreaste pero que debiste dejar ir es un proceso extraño que trae consigo nuevas cosas si es que decidimos regenerar la herida del adiós para no cerrarnos a lo que tanto queremos: amar. Aunque por otro lado si somos poquito inteligentes podemos pensar que ningún amor puede herirnos por el simple hecho de que no cuenta con la cualidad de la eternidad. No porque algo que se siente bonito no dura para siempre debe hacernos daño, es como una nieve que se acaba... no por eso no fue rica.

Y si somos todavía más inteligentes podremos notar que el aire entra siempre que abrimos la ventana, que si un ciclo termina otro comienza y que cada etapa, cualquiera, por más nostálgica que parezca, tiene su encanto... en pocas palabras, nunca hay algo mejor que el preciso presente.

Sipi, todo eso aprendí este año. Además de otras cosas que no les digo. Pero le doy gracias al 2013 por llenarse de tantas tintas y sobre todo, por darle un final feliz. Aunque más que final será el comienzo del capítulo uno de 365 aventuras más. Feliz año nuevo a todos y gracias por los que coincidieron conmigo en el 2013, nada sería igual si le cambiara el más minúsculo detallito... así tuvo que ser, con esos abrazos, con esas risas, con ese dolor, con ese no sé qué que me hace sentirme en este segundo: satisfecha y con el rompecabezas armado. Nada es mejor que este día... los quiero.

viernes, 18 de octubre de 2013

MI LIBROVERSARY


UN DÍA COMO HOY, hace 365, publiqué mi primer libro y estoy acordándome hasta ahorita (me acorde un día antes y vi que dieron las doce y sonreí solita pero hoy se me había olvidado)

            Fue uno de los mejores días de mi vida, acabé en la alberca y sentí que iba a explotar de la felicidad y no manches, ¿No les ha pasado cuando ni las palabras o la manera eufórica con la que dice las cosas le hace mérito a lo que sentiste y quieres expresar?

            Así estoy… cuando no sé qué decir y se me sale la felicidad y el contentismo me invade con mis amigas le hacemos así: añlskfjdañslfkjasñlfkjdsfñladkjfalñ jajaja escribir sin sentido porque hay veces que se pierde el sentido cuando tantos sentimientos salen a pasearse por unas fracciones de segundo que parecen eternas…

            De lo que más me gustó el año pasado fue la carta que me dio mi papá, es la carta más bonita que me han hecho en la vida, que ningún novio te podría escribir. Un día les voy a compartir unas frases porque está hermosa… otra cosa que me gustó fue cuando me subí a una tarimita para dar mi discurso… (había soñado con ese día más que lo que sueña una mujer su boda) Entonces antes de hablar voltee a ver a todos los que estaban ahí y pensé: Seguro así es el cielo, llegan por ti todas las personas que quieres.

            Puedo enumerar mil y un cosas que me hicieron llorar y reír un día como hoy de hace un año, pero lo más importante y lo que siempre va a quedarse en mi corazón año con año, es que tengo una relación formal y seria con la vida, estamos enamorados y nada ni nadie va a cambiar eso… nos hacemos muy felices y no hay nada mejor en el mundo que “andar con la vida” es más romántico que cualquier libro de Jane Austen.

            En fin, tenía que decirlo… los quiero. Que vengan muchos años más y que el contentismo nos invada, los aliens qué. Espero que con esto que escribí me de a entender que ni estas palabras son suficientes para expresar como me siento hoy, un año después, reviviendo todos esos momentos que son parte de vivir.

lunes, 14 de octubre de 2013

¡UNA SORPRESA PARA TI Y PARA MÍ!

En este mes cumplo mi primer año de haber publicado mi primer libro "Lucía la de Flor" y con el corazón en la manita y casi chillando les quiero platicar un secreto:



¿Listos?


¡TERMINÉ MI SEGUNDO LIBRO!


¡Estoy como loca! (no se han dado cuenta porque lo he disimulado muy bien pero realmente me saca canas verdes ¡Y MORADAS! ¡Y ROJAS!)… quería que estuviera todo para venderlo en navidad y creo que todavía no se va a poder… el título, la portada, la edición, el capital, los detalles, más detalles, volver a leerlo, la dedicatoria, el capital… ¡PERO NO ME AGUANTABA LAS GANAS DE GRITARLO!

            Yo creo en el poder de los pensamientos y los buenos deseos, así que tal vez lo estoy compartiendo porque siento una necesidad de que me manden buenas vibras y deseos y se pueda hacer. Creo en él. Creo en mí y en mi libro y este fin de semana que me la pasé releyéndolo de verdad y no es soberbia ni por presumir, pero hay unas frases hermosas, unos párrafos que debería guardar para siempre y dentro de esta niña asustada que a veces soy, sí hay seguridad plasmada en las letras y me hace creer en ella como si no fuera yo.

            Tengo un nudo en la garganta de querer compartirles el camino que me llevó a terminarlo, de qué se trata, con qué se come, jaja. Es impresionante el modo en el que ahora veo las cosas, la calidad de calor que hay en mi alma y las ganas de creer en mí que en mi primer libro no tuve.

            Hoy, después de muchos años, estoy segura de lo que soy, de lo que quiero y de lo que hago. De lo que siento, de lo que no quiero, de lo que comparto y de lo que no comparto. De lo que me mueve, de lo que me hace vibrar, de los besos que di y de los que no he dado y voy a dar…

            Más hojas en mi historia se llenan en un segundo capítulo que quiere dar a luz como embarazada pero sigue en mi pancita en su proceso de gestación y en todo este embrollo ni nombre le he dado… y tampoco he escrito a quién se lo dedico pero sin escribir la dedicatoria aún puedo decirles que en primera instancia, agradezco a mis papás. A mi mamá que ya sabe que la tengo en un pedestal, pero a mi papá también, soy Lucía la de Flor y Javier, y esa fuerza incansable que encuentro en mi papá y he heredado, es la fuerza que me ha mantenido de pie cuando en este año cuando ha sido uno de los años donde he tenido más miedo (por no decir pánico en extremo) de haber “saltado un poco al mini estrellato de escribidora” y darme a conocer, eso me causó mucho pánico que nadie se dio cuenta tampoco pero fue algo difícil y diferente para mí…

La fuerza de mi papá también me mantuvo de pie cuando tuve el corazón roto una tarde de lo menos esperada del mundo. ¿Por qué? Porque la fuerza de mi papá vive dentro de mí y es la que me hace seguir adelante con esta pasión por compartirme. Así que los créditos son de él.

            De ahí en más agradezco a todos los que me leen en las mañanas, en las tardes, en las noches… los que me leen en voz alta con alguien, las niñas que platican de lo que escribí en cafecitos o mis amigas íntimas que me escuchan dos, tres, cuatro horas sobre mis sueños y no se burlan. Tú sabes quién  - todas mis amigas – eres. Ja, me dieron ganas de llorar.

            En fin, no sabía si contarles pero ya lo dije. ¿Es malo contar un sueño cuando todavía no está materializado? Yo me la juego a pensar que sus pensamientos positivos hacia mí me harán completar mi tarea. Tal vez no en el tiempo que imaginé, pero cuando haces todo y por ti no queda, el universo elige la fecha. Estoy haciendo todo lo que está en mis manos y bolsillo. Jaja.

            Tal vez me falta la parte en la que tú lo supieras y te aventaras un deseo al universo de que se le cumpla su caprichito a esta guera que no quiere dejar de escribir.

            Sin más por el momento les agradezco el cariño que de antemano ya siento y con esta alegría de no sentirme menos ante la abundancia (porque en el primer libro no hice mas que sentirme chiquita e insegura ante el sueño, como si el sueño mismo fuera más grande que yo) ahora les digo que estoy serena, segura y sobre todo, de pie, gracias a la fuerza de mi papá, que mal que bien se quedó con diez hijos para educar y lo hizo muy bien. ¡Gracias papá!
           
            Aprendí en este año a perderle el miedo a la abundancia, porque el universo quiere que nos realicemos, que la pasemos bomba, que aunque esté volviéndome loca con todo lo que un sueño conlleva, ESTOY HACIENDO ALGO POR LO QUE PODRÍA MORIR: ESCRIBIR.

            En mi primer libro le declaré mi amor a la vida, en el segundo les digo que este amor es para siempre.

            No tengo nombre, no tengo número exacto de páginas, no tengo la introducción o la portada… pero está gestándose, como todo… cuando le pones todos los kilos… no tarda, les aviso. GRACIAS.

            Y a mi libro le digo: lo siento, perdón, te amo, gracias… esperando que todo salga como está destinado a salir.


miércoles, 11 de septiembre de 2013

TOUS BY YOU




Siempre me han gustado las cosas personalizadas… una funda del iphone que tenga que ver conmigo, una monita que se parezca a mí, una combinación de colores específica que me gusta… que me llamen por mi nombre...

            Que lo que uso o los colores o como llame las cosas tengan un significado para mí. Que pueda expresarme a través de lo que llevo conmigo, y ¿por qué no? De la moda también. ¿De eso se trata no? De divertirse con lo que a cada quién le guste.

Todos esos detalles me hacen ser más yo, por ejemplo, hay veces que me compro unos zapatos porque digo “Es que si yo fuera zapatos sería esos” jajaja… ¡Me gusta encontrar algo de mí en las cosas!

Por eso y por ser embajadora de la marca es que me uní al proyecto Tous donde yo y mis lectoras podremos diseñar nuestra propia bolsa, a nuestro gusto, tan loca como queramos. ¡Que padre!

 ¿Dónde? En Vogue Fashion´s Night Out en Andares, dentro de la tienda Tous, ¡mañana! De 8:30 a 10:00pm.



            Ya quiero verlas para ver qué tan bien dibujan porque cada quién va a hacer la suya y a la ganadora se la van a regalar tal cual la diseñaron.

            ¿Nos vemos ahí? Estaré en compañía de otra blogger hermosa  y tipaza que también es embajadora llamada Ana Sofía, les dejo el link de su post sobre esto para que vean poquito más de qué se trata.

            Un beso y un abrazo de oso “dah” jaja.

            Su escritora. 





Les paso el link de Ana Sofía ¿va?

¿LISTAS?

PD. MÁNDENME SU FOTO PARA HACER UN ÁLBUM DE TODOS LOS DISEÑOS DE MIS LECTORAS HERMOSAS, CHULAS Y ENCANTADORAS. ¿LES LATE? XOXO.


Así más o menos creo que va a ser y la dibujan... *ya estoy pensando en la mía.



viernes, 30 de agosto de 2013

EL ALMA DE COLORES

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Así como las empresas tienen su imagen corporativa, con una misión, visión, valores y esas cosas, me he dado cuenta de que las personas también deberíamos saber eso de nosotros mismos, de dónde venimos, cuál es nuestra misión y nuestros valores… pero a veces vamos por la vida y se nos olvida y nos desenfocamos. Ya ni sabemos quiénes somos. Últimamente he trabajado en eso en mi ser. Intentando saber a dónde voy y de dónde vengo y ayer por la noche me llevé una sorpresa muy grande.

Resulta que nunca me pierdo las Galas del Mariachi cada año y este siendo el país invitado España y yo teniendo de visita a un Madrileño me lo llevé al Teatro Degollado.

Nuevamente la Filarmónica de Jalisco estaba presente, de ellos recuerdo a la señora de pelo rosa fresa que siempre está. Entonces me acordé cuando los escuché ahí en el teatro, casi un año antes cuando iba a entrevistar a Alondra de la Parra y por petición de ella sentó a la reportera, o sea yo, en medio de la orquesta. ¿Saben lo que es eso? Uno de esos momentos mágicos que cuentas años después en una mecedora o como la viejita de Titanic y lo revives y lo disfrutas eternamente.

Esos momentos de felicidad son como píldoras de alegría que probablemente te innovan… es que esos momentos son… son… inolvidables y a transformadores. Influyen en la vida y te recuerdan quién eres.
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Ayer sabía que iba a ser un momento de esos, pero no medí las dimensiones y la felicidad se me salió de las manos. Reconozco a los mariacheros de cada año (mi favorito es el del mariachi Vargas de pelo negro que siempre lo ponen a cantar la canción del pastor y se avienta un grito de 4 minutos y le aplauden). Y verlos otra vez en el mismo escenario pero decorado diferente y sentarte en el Degollado te provoca algo que yo llamo “contentismo”.

Como ya lo mencioné España es el país invitado de este año entonces se le rinde homenaje y yo iba nada más y nada menos que con un amigo madrileño que está de vacaciones en tierras tapatías. Así las dos culturas nos sentamos y escuchamos a Julio Iglesias con mariachi, a las canciones típicas que nunca se olvidan como el son de la negra y las románticas como reloj no marques las horas. Escucharlos en vivo y con el recinto sin ninguna silla desocupada me enchinó la piel y me provochó una revelación: Es bonito recordar de dónde vienes, cuáles son tus raíces, quién eres, lo mexicano de nuestra cultura, el alma de color que poseemos por ser mexicanos y las tradiciones que circulan dentro de nosotros y así comenzó cielito lindo. Cuando empezó recordé las veces que entrevisté a varios talentos mexicanos como Checo Pérez quien decía que escuchar el himno nacional en otro lado del mundo por haber ganado era algo indescriptible, o Ximena Navarrete que ama escuchar justo esa, cielito lindo, ahora que vivió fuera de México.

En eso me llegó un mensaje en el celular y era mi prima diciéndome: Espérate que te tengo una sorpresa. ¿Sorpresa? Ya habían tocado la canción de Santa Lucía y pensé que era esa y me dijo que no, que había otra mejor. (Es que mi prima organiza las Galas y cada año me invita… gracias Cris).
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Cuando la escuché ahora sí se me puso agua en los ojos: Mocedades con mariachi. ¡SOY MEGA FAN DE MOCEDADES! “Como una promesa, eres tú, eres tú….” “Eres la otra España la que huele a caña…” y “Tómameeee o déjame….” Eso, tocado por el mejor mariachi del mundo: El Mariachi Vargas de Tecatitlán.

Conectarse con lo que perteneces es definirte. Es recordar lo que eres, lo que te describe, lo que te hace ser. Ver tantos matices, alegría y folclor en el escenario me hizo pensar que todo mexicano tiene, como ya lo dije, el alma de colores.

Por eso me quedé sin palabras para explicar lo que se siente ir a las Galas, pero ¡Hey! Quedan todavía unos días y si estás en Guadalajara puedes ir. Por mi parte salí de ahí sintiéndome la mujer más orgullosa de su país y con ganas de contagiarlos de que re descubran la magia que es ser mexicano y la sorpresa que te llevas al entender que sólo sabiendo de dónde venimos definiremos a dónde vamos. Listo, ya lo dije.

lunes, 26 de agosto de 2013

LO SIENTO, PERDÓN, TE AMO, GRACIAS.


Hace poco alguien me dijo algo que me ha dado muchos resultados. La verdad, estaba nerviosa porque últimamente me he dado cuenta de las personas que me leen, del impacto, del número de lectores, del poder que tienen las palabras y a veces siento que como yo empecé todo esto como un hobbie, como una manera de desahogarme, de expresarme, de mandar mensajes en una botella, nunca me puse a pensar en ningún tipo de consecuencias, que les digo, todas han sido positivas. Pero de pronto a veces me siento insegura y como caracol me escondo y me dan miedo cosas que ni siquiera han pasado pero tengo miedo que pasen. Me entra angustia, inseguridad, culpa, muchas cosas que de verdad parece que sólo quieren atormentarme porque a la mera hora todo sale bien. En específico me pasa ahora que tengo el programa de radio los sábados a las tres. Es un micrófono pero ¿Qué representa abrir la boca? Entonces me angustia un poco tener que ser más sabia y no poder porque de algún modo siento que tengo la responsabilidad de hacer con ese micrófono algo productivo para los demás. Como si fuera una oportunidad que es obligatorio aprovechar. Y de repente con esos fantasmas en mi cabeza me cuesta trabajo avanzar y a veces juego a la segura y poco a poco voy tomando forma hasta ser yo y eso me toma tiempo por aquello de los miedos. Tal vez sólo me estoy desahogando pero síganme leyendo que prometo llegar a un punto más interesante que lo que va hasta ahora. En fin, en ese caminar aprendí algo: No puedes detenerte, tienes que capacitarte, necesito estar bien yo conmigo, con mi sistema, con mi entorno y estar concentrada en lo que hago y tratar de que la prudencia que no tengo salga a flote. Aunque por otro lado ¡SOY IRREVERENTE, ME GUSTA SER IRREVERENTE Y NECESITO SER YO O ESTOY FRITA! Así que de pronto me relajo, me echo el albur, el cliché, o no sé, entro en un personaje y digo algo muy sangrón y equis, empiezo a disfrutar el hecho de hacerme reír a mí misma, a los demás, y permitirme hacer el ridículo. En fin, son muchas confesiones que dije por teléfono a un mentor que durante una hora escuchó mi angustia.
                No puedo hacer nada ante lo que está hecho, tampoco puedo avanzar por el mundo pensando que no cometeré errores porque sería en primera un error pensar que alguien puede lograrlo. Pero sería muy tonto pensar que los errores son malos y que tengo que refinarme, porque yo, berrinchuda, terca y alegre, no permitiría transformarme en algo que no soy. En fin, no tienen idea a las personas que les conté este tema porque me sentía desconcertada.
                ¿Cuál fue la solución que ahora me mantiene tranquila? Repetir unas palabras. No lo van a creer pero fue lo único que necesité para que regresara mi paz y pudiera hacer lo que hasta ahora he hecho y de la mejor manera. Son palabras que ahora repito ante diferentes situaciones, que las digo en mi mente, que las aconsejo y me han modificado la manera de ver la vida. ¿Se las digo?
                LO SIENTO, PERDÓN, TE AMO, GRACIAS.
                Así, antes de empezar mis programas o de escribir o dar una conferencia o al empezar el día le digo al día, a mi programa, a mi escrito, a mi mañana: LO SIENTO, PERDÓN, TE AMO, GRACIAS. Como si por adelantado hiciera una declaración de lo que puede pasar y me disculpara y de entrada asegurara que voy a sentir y vivir con intensidad lo que pase y amaré lo que haga sea lo que sea en ese momento y estaré agradecida con los resultados como asegurando que algo positivo saldrá de lo que todavía no pasa, eso es confianza con lo que va a pasar… creo yo.
                Y al hacerlo, parece que me conciliara con algo sin ni siquiera haberme peleado pero como si al decir eso lo que haga no pudiera tener un efecto positivo y ser y convertirse en el mejor día, en el mejor escrito, en la mejor mañana.
                Así, antes de hacer algo importante, antes de llenarnos de juicios mentales, de miedos, de inseguridades ante un proyecto, una plática con alguien, un reencuentro, una cita, una petición, un viaje, un objetivo, podemos decirle: Lo siento, perdón, te amo y gracias. Se siente liberador. Y calla a los fantasmas que hablan en la cabeza que quieren tumbar nuestra meta.
                ¡NO SEÑOR!

                Así que hoy les digo a ustedes lectores, quienes me han leído desde hace mucho, desde hace poco, desde a penas hoy: LO SIENTO, y junto contigo vivo mis letras, PERDÓNAME, si alguna vez te ofenda sin querer de alguna manera, TE AMO, porque de algún modo somos humanos y ningún acto humano nos puede ser ajeno y en este amor colectivo somos parte de un todo y ese todo lo AMO y GRACIAS por leerme siempre y por aceptarme en todas mis facetas.

AHHH… QUE RICO SE SIENTE DECIRLO.

domingo, 25 de agosto de 2013

DECLARACIÓN DE AMOR.

Me ha pasado que estos meses han sido muy reveladores para mí. Como si me cayeran todos esos veintes que dicen que caen. ¡TODOS DE UN JALÓN Y ESTOY POQUITO EN SHOCK! 
        Pero dentro de todos esos descubrimientos encuentro paz porque se ordena el rompecabezas de mi existencia, de verdad, siempre lo digo, para los que nos atrevemos a echarnos un clavado, pero un clavado neta, neta, es más, bucear, es más, instalar un submarino, en nuestro interior, y saber explorarlo y saber qué más podemos aprender y qué más herramientas hay dentro de nosotros que no sabemos, neta, la vida se vuelve una alentadora y motivante bomba de felicidad que estalla con brillantina, bombones y esas cosas felices que a los infelices se les hace cursis. De verdad, dentro de TODO, existe esa felicidad, pero hay que pagar el precio. En fin, entre esos descubrimientos llegué hoy del cine y tuve un poco de claridad y en menos de quince minutos escribí esto que probablemente sólo yo me entiendo porque son mis procesos pero me pasa que cuando los comparto muchos se encuentran en el mismo canal y eso la verdad me alienta.Por mi parte hay ahí, en este texto, muchas cosas entre renglones y palabras que para decirlas me costó mucho, mucho, mucho, luego platicaré bien de adelanto creo que mucho fue aprendido por algo que viví el sábado, donde lloré como nunca había llorado al descubrir lo que también nunca había descubierto. Espero me entiendan o por lo menos les guste ya que se los comparto con mucho cariño:




MI DECLARACIÓN DE AMOR
Por Lucía la de Flor




Hoy 25 de agosto de 2013 declaro que estoy:

                Lista para conectar el corazón con la razón y escribir desde las entrañas. Lista para dejar la corona del ego que poseía mi cuerpo. Lista para reconocerme, para levantar la mano, para contestar el teléfono de las oportunidades y para reconocer, al reconocerme, a quién quiero al lado mío.
                Estoy lista para más encantos, para descubrir hasta dónde puedo llegar cuando aligero el equipaje y me llevo lo único que siempre debí haberme llevado: la fuerza del amor.
                Dejo detrás de mí todo lo que necesité vivir para llegar a este día. Lo dejo en orden, en su lugar, todos esos días que no quiero que sean juzgados nunca más, todos esos días los dejo ahí, como bebés, dormiditos, en santa paz.
                He sido una jueza toda mi vida. Pero será la única vez que lo diga porque ya no quiero juzgarme. Dejo todos mis prejuicios, dejo esa forma de ver la vida con esos ojos que no ven más allá, que no logran meterse en el mundo de la empatía, y creen que yo sólo tengo la razón, yo soy la sabelotodo… dejo atrás todo porque tampoco quiero hablar mal de mí, porque tampoco lo merezco. Todos esos juicios irán desapareciendo conforme mi conciencia nueva los vaya callando en el camino con ayuda de mi volutad.
                Me despido de los roles que no me pertenecen. ¡Adiós roles que no me pertenecen! Ahora busco, desde mi lugar, tocar el mundo. No desde el de nadie más, el mío que me concierne por derecho divino. Y así como es divino mi lugar, acato la nueva regla de respetar con esa misma calidad el de los demás.
                Respondo a mis impulsos de volar y llena de entusiasmo y dejando todo en su sitio, comienzo el vuelo. Ya he pagado cada precio de mis culpas y ya he aprendido de cada error que también fue necesario en este Plan Perfecto que un tiempo no creí existiera.
                Así le digo a mi vida: Lo siento, perdón, te amo, gracias. Y con esas cuatro poderosas acciones me declaro un maravilloso ser libre y en prosperidad. Dueña de su vida y por lo tanto responsable de sus actos.
                ¿Es este el principio? No, el principio de lo que tiene que ver con mi existencia y los que tienen que ver con ella ni yo lo sé. Y necesité que cada cosa del pasado hubiera ocurrido para estar aquí. Pero, así como cada quién hizo algo para que cada acto nos llevara a este sitio, declaro que hoy, sin estar en el principio, continúo a mi manera, con mis nuevas travesías, con lo que tomo de cada día pasado, con lo que dejo, con lo que tomo de cada persona que amablemente me lo ha dado, con lo que dejo. Soy el conjunto del pasado y de mis antepasados pero en mi suerte de estar viva ahora, también sé que soy la escritora de esta historia y al tener la pluma produciré mis propios resultados.
                ¿Cómo lo haré? Sintiendo, pidiendo perdón, diciendo te amo y siendo agradecida. Cada quién cumple su función en este universo donde todos están haciendo su parte… yo hoy, en mi actuar, escribí esto porque lo sentí.

miércoles, 21 de agosto de 2013

LAS PASTILLITAS DEL OLVIDO

Me pasa que a veces escribo cuentos y luego no me gustan, los dejo descansar y no los subo a internet creyéndolos insuficientes. Hoy me encontré este que hice hace mucho en mis clases de literatura. Lo leí y no me acordaba del final entonces estaba intrigada y me gustó. Creo que todos merecemos entender que darte a los demás no te quita de vuelta. Que lo que diste ahí y está bien y que sigues completa. Tal es el caso de Marina y sus pastillitas del olvido.

Las pastillas del olvido
Por Lucía la de Flor


-          ¿Qué quieres Marina?
-          Ya pensé mi respuesta, deme las pastillas.

Era día del Santo Patrono de Chilupán  cuando Marina entró a la farmacia preguntando por las pastillas del olvido.
-          Miranda las tomó, Angélica las tomó, no sea malo deme una. – Le insistió.
-          Mi padre no está, hace días que atiende al viejo Lucas, que se nos anda muriendo desde hace semanas, pero sé de qué hablas y puedo dártelas hermosa, pero como ellas no habrás aprendido nada. – Dijo el joven alto y de ojos profundos.
-          ¿Qué hay que aprenderle al General Ruesga? Sólo hay que estar a doscientos kilómetros de su presencia es lo único que le aprendí. Démelas y nadie saldrá herido.
-          Herida ya estás, por eso te digo, no aprovecharías el valioso entendimiento de un corazón roto. – Mira prométeme que lo pensarás y si estás decidida  te doy mi palabra que mañana te las vendo aunque no esté mi padre.
Así lo acordaron y mientras todos alzaban sus ramos en el desfile del Santo Patrono, en Chilupán lloró Marina toda la tarde en su rinconcito favorito, la piedra donde de niña desgranaba elotes. Había tomado en serio la propuesta del boticario y temía que al olvidarlo pudiera, no sé, volverse a enamorar de él tras no haber aprendido la lección. Lo vería sin desprecio y ante esa indiferencia se engañaría nuevamente con sus encantos. O al menos eso chismearon que le había pasado a Miranda. Y mírala, embarazada y sola.
                Pero ¿De qué servía que estuviera así de triste? – Pensaba una y otra vez. El maldito Ruesga ya estaba conquistando a la hija de Guadalupe, que porque iba más a misa que yo, ha de estar tras su virginidad como cuando estuvo conmigo y como todas antes de mí. – Siguió pensando -  Pero desgraciadamente mi odio hacia él era equivalentemente proporcional al amor que le tuve. – Dijo casi en voz alta. -Vaya que se lo tuve. – Ahora sí exclamó - Bastaba que enredara mis dedos en sus chinos para darme cuenta de que le estaba entregando todo mi ser sin ni siquiera decírselo.
                Estúpida, estúpida, golpeaba una mazorca contra otra. Tres mil veces estúpida. No podía permitirse el lujo de volver a caer, eso jamás. Debía, como decía el boticario, aprender de su dolor, no de él, de su dolor. Si le iba bien o le iba mal al General, tenía que dejar de importarle si quería concentrarse en ser feliz… y así regresó a casa.
-          Te perdiste de la fiesta mi Marina.  – dijo su padre.
-          Ya ves que esas cosas últimamente no me gustan, nomás era para darle gusto a mi mamá pero disfrazarse y hacerle al merequetengue no se me da papá.
Él ya lo sabía pero no estaba de más decirle que había una opción para estar pensando en otra cosa que no fuera en el general pero era imposible. Bueno, en realidad no era imposible, estaba a unas horas de tener la oportunidad de tomarse unas pastillas que la harían dejarse de pendejadas.
Así cayó la noche, acostó a su papá para que no extrañe la tradición del beso de buenas noches que la mamá de Marina siempre le daba cuando estaba viva y luego se volvió a la cama, cepilló su pelo como si no pensara en nada, pero sí pensaba. Trataba de engañar al espejo para que no se diera cuenta de su idea macabra, pero sí se daba cuenta. Aceptaría las pastillas y ese era un hecho. Necesitaba vengarse y lo haría.
                “Puto el general”. Dijo en voz alta y después besó al Santo Patrono de Chilupán antes de echarse a dormir. Parecería que tardaría en pelar el ojo pero lueguito quedó dormida, como si ya supiera su decisión y no hubiera nada más que pensar.
                Y tan rápido durmió, tan rápido amaneció y se metió a bañar y desayunaba mientras se trenzaba el pelo. Le dio un beso a su papá quien todavía dormía, no como antes cuando vivía su madre que se levantaba tempranito sólo para contemplarla, pero ahora ni el sol lo dejaba amanecer y con todo el amor del mundo lo miró y volvió a besarlo mientras le acariciaba los cuarenta y cinco pelos de su coco.
                Llegó a la farmacia y le dijo al hijo del boticario:
-          Deme las pastillas.
Dos eran suficientes para olvidar el amor pasado y metidas entre su corpiño salió de la farmacia hacia la casa del general quien ya la estaba esperando meneando su bigote como todo un ganador, como alguien que sabía que se doblegarían a sus pies y que necesitarían más de él. Su ego invisible a primera instancia le envolvía su uniforme y mientras acomodaba el cinturón Marina lo besó en el cachete.
-          ¿De qué querías hablar? Le dijo él.
-          ¿No le puedes dar agua a alguien que fue tu amante en este día soleado?
Entraron, ella se ofreció a servir dos vasos, ya conocía bien el refugio del rompecorazones y tras no pensarlo dos veces vertió las pastillas en uno de ellos. Y sin perder de vista cuál era cuál, le dio el vaso con las pastillas del olvido disueltas al general.
Su corazón se agitó, claro estaba que iba a olvidarla y aunque extrañamente a ella le dolería no ser recordada aunque fuera por alguien que no valía la pena, sabía que ese sería su castigo, que el general no merecía saber lo que se siente ser amado de verdad, no merecía recordar, no merecía haber experimentado lo que es que una mujer lo ame tanto; y aunque él siguiera su camino de mujeriego altanero en busca de inocentes primerizas en el juego del amor, su venganza sería que no la reconocería al pasar, no sabría las noches de desvelo, las lágrimas que lloró por él el día que la dejó y los momentos tan felices que pasaron el Playa Paz.
Sí, le quitaría el privilegio de haberla conocido y en un ataque de rabia le dijo. “Bebe que hace calor y no quiero que mi general se deshidrate…”
El general bebió hasta la última gota mientras ella sonreía sabiendo que su dolor nunca se iba a quitar, pero que todo el amor que le había dado se lo había arrebatado de golpe. Se quedó dormido ella salió de su casa sabiendo que sería la última vez y de regreso se encontró al hijo del boticario.
-          ¿A dónde fuiste Marina?  ¿Qué hiciste con las pastillas?
-          Nada que te importe.
-          ¿Fuiste a casa del general verdad?
-          Vaya, este pueblo si es un chisme andando. ¿No tienes que estar en la farmacia ya que no está tu padre? – El hijo del boticario se puso las manos en la cabeza y le dijo “vaya que no todo se olvida…”
-          ¿De qué hablas?
-          Lo que hiciste con el general Ruesga hice yo contigo hace tiempo ya, por eso no me reconoces. Pero si algo aprendiste de mí y no pudiste olvidar fue a vengarte como yo lo hice y tu castigo será descubrir que aunque otra persona no te ame, privarle de lo que le diste es un acto de más egoísmo de lo que cualquiera pudiera haber hecho contra nosotros.

sábado, 10 de agosto de 2013

¡QUE LA VIDA VIVA!



QUE LA VIDA VIVA...
Por Lucía la de Flor




Tenía unas ganas de abrir la computadora sólo para mí. La última vez que lo hice escribí más de treinta hojas, fue un día después de regresar de Europa, justamente el día que nombraron Papa a Francisco. Escribía sin parar y al final ese amor que convertí en letras se quedó sólo para mí. Tenía tantas ganas de compartirlo, lo siento inútil en mi Word. Aunque por el contrario me pasa que, al estar compartiendo todo por las redes sociales, me entra unas ganas por encontrarme solita en la computadora y escribir sólo para mí, escribir en calzones con mi aromaterapia que me dio Maggie de la India, mi torre Eiffel que me alcancé a comprar, mi escritorio, un cigarro y yo con lentes. Nada más, sin miedo a qué van a pensar los demás, escribir sólo lo que yo quiero. Hoy quiero intentar hacerlo aunque en realidad sí los tengo a todos en la mente, a todos. ¿Lograré escribir sin libertad por aquello de que no puedo sacarlos de mi mente? Estoy a punto de descubrirlo.
               
               No soy una adolescente, pago mis rentas y me mantengo de pie. Los errores que antes me daba el lujo de cometer ahora los oprimo y probablemente sea un poco más aburrida tras esa represión de que somos adultos y no podemos equivocarnos. No podemos darnos el lujo de irnos de boca en el amor y tampoco abrir un negocio sin recapacitar en deudas, gastos... pero aquí estoy, en un sábado por la tarde pensando en no sé qué tanta cosa, pero delicia porque quiero complacerme a mí y escribir lo que yo quiera.

                ¿Es acaso que durante este período como escritora no he escrito lo que yo quiero? No lo sé, a veces siento que más allá de escribir tengo la misión de ponerte de buenas, algo así como hacer por los demás lo que me gustaría que hicieran por mí. Es extraño, me pasa que ahora que acabo de cumplir años y haberme desenamorado hace poco, no sé qué terreno estoy pisando.

                ¿Qué quiero yo de mí? ¿Qué necesito? Hoy, les confieso, me siento mejor que nunca pero eso no quiere decir que no sepa a qué sabe el miedo, la soledad, los vacíos, pero esas incertidumbres y malos ratos son parte de ese conjunto “me siento mejor que nunca”.

                Por ejemplo, yo creí que sabía amar. Al menos en alguna forma primaria. Pero no lo sabía. El año pasado descubrí lo que es amar y tan sólo de escribirlo y ver mi torrecita Eiffel se me rasgan los ojos y le fumo al cigarro. Y continúo porque estoy escribiendo para mí.

                ¡Mierda! El amor es increíble pero practicar ese verbo y no sólo decir “te amo” sino “estar amando” rayos me hace volver a llorar. ¿Qué tuve que vivir para aprender a amar? 

               Recuerdo, hace unos años, estaba pasando por una etapa muy fea de mi vida, tan fea que no me he atrevido a platicarla todavía en estos otros muchos años de escritora. Sólo la platico por afuerita o me sirve para expresar sentimientos pero hace años me cargaba la chingada y no mamadas.

                En ese tiempo le recé a Dios en mi cama, llorando también. Le dije “Dios, por favor, si hay un hombre bueno para mí, alguien con el que yo pueda ser feliz, no me lo mandes ahorita porque estoy hecha pedazos. Dame tiempo Diosito, no quiero recibirlo así, dame tiempo…”

                Seis años tuve aventuras, besos, romances de fin de semana… nada que yo pudiera ver a los ojos y decir “Aquí estás”. Esperaba a alguien, les confieso. Esperaba a alguien al mismo tiempo que deseaba que no llegara todavía porque estaba hecha pedacitos y cuando me desesperaba por estar sola le decía a Dios: Todavía no estoy lista.

                En un arranque de soledad le volví a rezar a Dios… “Diosito ¿Por qué me dejas sola? Tal vez no quiera estar sola, necesito un abrazo, necesito a alguien que me haga sentir que la vida es rosa, aunque lo es pero no del todo por eso estoy rezándote…” En pocas palabras estaba desesperada por conocer el amor, otra vez. La primera había sido tan bonita y yo la había un poco regado entonces quería enmendar mi error en otra alma.

                Leí, fui a bodas sola, escuché historias de amor, incluso, me dedicaba a peinar novias para bodas y me tragaba toda su historia de amor con amor pero con algo de coraje. ¿Cuándo me tocará pasar al pizarrón?

                Pero nada, Lucía estaba sola y se burlaba de ello en las redes sociales. Hacía chistes de mi situación y hasta le tomé cariño. Y no sé si tenía miedo de estar enamorada y habré pasado algunos galanes sin dejar que nada sucediera porque a pesar de que lo quería con todo mi corazón, no estaba lista. Y en mi mente tengo a dos que tres que pudieron haber sido una buena oportunidad.

                Después pensé ¿Cuándo se está listo para amar? Ya había leído todo el Cabronario: La cabrona perfecta, por qué los hombres aman a las cabronas y había descubierto que eso no era amor. Después leí a La Maestría del amor, El Camino del Encuentro de Jorge Bucay, Amar o depender, Jane Austen, y pensé que ya sabía al menos identificar lo que podía llamarse amor y lo que no, pero en voz de otras personas, quería sentirlo.

                En esos seis años de desesperación y risas también, conocí a muchas amigas, las vi enamorarse, las acompañé en su viaje y dejé de pensar en eso un poco… tal vez, cuando eres tu única pareja te vuelves tu novia, te compras lo que te gustaría que alguien te regalara y te arreglas para tomarte una selfie… sólo para guardarla para cuando las arrugas cubran tu piel.

                Cocinaba para mí, velas, servilletas de tela… coqueteaba en las noches con hombres que existían en mi mente, los imaginaba antes de dormir y hacía mil y un historias… yo y yo vivíamos una relación donde cubríamos las necesidades básicas al menos. ¿Qué si era feliz? Sí, sí lo era. Y dentro de todos esos años donde ya quería conocer lo que es tener una pareja, aún en mi curiosidad, no me dejé conquistar por personas que creí que no serían suficientes. No caí ante el primer encanto y esperé.

                Entonces hice de la escritura mi manera de hacer el amor a la hora que yo quisiera. Y perdí la virginidad entre cartas que sólo fueron mías, escritos que subí y probablemente les gustaron pero había un mensaje íntimo sólo para mí escondido entre cada párrafo y me divertí con esa situación y esta nueva profesión que me hizo enfocarme en lo que verdaderamente importaba: En vivir.

                Me ubiqué en el ahora, en mi realidad, y me concentré en mis sueños. ¡Pum! Mientras hacía todo eso me enamoré de un lector con el nombre de mi Bisabuelo, quien por cierto, también era escritor. Y descubrí que probablemente no sé si ya estaba lista o me pasó como a las mujeres que se convierten en mamás: Comienzan a serlo sin instructivo.

                El miedo tocó a mi puerta enseguida y le dije: Esta vez no voy a hacerte caso. Incluso recordé lo que me había dolido perder a mi mamá y al tener a alguien que amas un poco de la misma manera me asustaba la idea de repetir esa separación que después de 16 años me sigue doliendo. Pero en este caso, incluso la razón estaba de mi lado, al tener la nueva filosofía de que lo único que importaba en este mundo era vivir, dejé vivir el amor dentro de mí. ¿Qué si fui feliz? Fui inmensamente feliz.

                Me costó trabajo como todo llegó de golpe, porque no sólo fue el amor: había publicado mi libro y en una presentación sentí que el día más soñado en mi vida (Más que lo que sueña una mujer con su boda) estaba pasando. Ese día mi papá me escribió una de las cartas que más me han gustado en toda mi existencia y sentí que todos mis seres queridos estaban ahí. ¿Saben cómo me sentí exactamente y de hecho me acordé de esa escena? Cuando Jake y Rose se mueren en el Titanic y al final los reciben todas las personas del barco y les aplauden. Veía tantas caras conocidas que me querían con todo su corazón que no pude evitar decirle en silencio a Dios: Gracias.

                Debido a mis seis años de soltería había conocido a tantas personas. El que me dio ride a la salida de una fiesta, con los que viajé, con los que viví temporadas donde no nos separamos y los amigos que siempre, siempre están, mis wikys por ejemplo. Por eso siempre que me preguntan que por qué conozco a todo el mundo y me la paso saludando gente les contesto: Seis años de solterismo me avalan.

                ¿Qué si me asustó dejar entrar a mi vida tanto amor en una sola noche? Sí, sí me asustó, pero dejé que la cascada se desbordara y entendí que estaba cosechando muchas cosas que había sembrado y me permití merecerlo. Merezco este amor. Punto.

                ¿Por qué será que cuando más feliz estás te acuerdas de aquel dolor que marcó tu vida? Me transporté al pasado, a esos años donde todavía no tengo el valor de escribirlos y en el hoyo sentía que no había esperanza para una guerita, novena de diez hijos, con muchas ilusiones en la vida. Traje a esa niña de esa edad a la fiesta y verla ahí fue lo más bonito que he sentido en la vida. Me gusta recordar a la Lucía con más dolor en su corazón y llevara a todos los lugares a los que ahora soy muy feliz. Así que la llevé a enamorarse y con novio nuevo después de muchos años le permití que lo besara y no me puse celosa. Probablemente mi novio de ese entonces no notó las veces que lo besó esa niña con dolor y las veces que lo besé yo.

                Probablemente eso era sólo algo mío, como los escritos que no subo, y son míos. Pero compartir mi novio con esa niña llena de dolor me causó placer. Probablemente ella lo merecía más que yo.

                Ahora ella y yo nos quedamos otra vez solas, y en este sábado 10 de agosto de 2013 decidimos poner música y sentarnos a escribir como muchas veces lo hicimos. La escritora siempre fue mi desahogo desde que tenía catorce años y veía cómo mi mamá moría de cáncer. Escribía todo lo que sentía para poder sonreír cuando la viera. Y no sé si soy escritora porque tengo habilidades literarias o porque mis sentimientos son tan fuertes que necesito plasmarlos en donde pueda para dejarlos existir. Como dejé existir el amor en mí, aquella vez que me enamoré.

                Sentir amor es muy bonito, pero amar es un milagro. Amar es una señal de estar más viva que un ser humano que sólo existe. Amar es saberlo, amas o no amas. Yo amé. Y probablemente nunca me arrepienta de amar a pesar de no haber sido la persona correcta para el futuro, fue la persona perfecta para ese presente que también fue perfecto. Es un regalo que das pero que te permites regalar y al regalarlo es un regalo para ti.

                Yo no sabía todo esto porque al terminar el dolor que se tenía enfrente cubría todo ese aprendizaje que quería salir a flote para decirme que lo había logrado: Amé. Y sí, ese es el resultado perfecto de toda relación termine o no termine, no sabía verlo porque había perdido a la persona que amaba.

                No quería que mi niña triste se pusiera triste otra vez pero curiosamente ella fue la heroína que me sacó adelante, Mi mi misma de menos años me dijo: Lucía, somos más fuertes que la pérdida. Y creo, lectores hermosos, que somos más fuertes que cualquier pérdida, y creo, más allá de todo que a veces cuando pierdes, ganas.

                Hoy después de un tiempo razonable para razonar y sentir con el corazón me vuelvo a construir y le quito el poder a la tristeza de hacerme pedacitos. Y me siento sola, sí, pero deliciosamente sola. Cuando eres consciente de que el presente es lo único que tienes, cuando dejas que la vida viva, cualquier día lo reconoces como reconoces al amor: Como un milagro.

                Un milagro pasó dentro de mí al amar y eso me ha transformado y por eso no considero que he perdido. Y en esta situación en la que pienso ¿Y ahora qué será de mí? Me tranquiliza de saber que por primera vez dejo que la vida viva y que los días se escriban solos, uno por uno, llevándome a un camino que no sé dónde termine pero donde me vuelvo a encontrar con esos amigos que estuvieron en la presentación de mi libro y que estuvieron también en mi etapa de dolor infinito. Corrección, el dolor no es infinito. El amor sí lo es.

                El verbo amar se convirtió en una nueva forma, ya que no tengo al ladito a esa persona, lo he dado de diferentes maneras. ¿Qué si estoy en espera de encontrar a otra persona a la que pueda entregarle toda esta magia que hay dentro de mí? No, no lo estoy.

                No le pido a Dios encontrarme a nadie y tampoco le pido estar sola, le doy gracias de existir y de dejar que la vida viva. Y cuando la ansiedad de todo ser humano por conocer si en el futuro habrá un buen porvenir llegue a mi corazón, lo calmaré diciéndole: Lucía, deja que la palabra más bonita que conoces haga lo suyo: Coincidir.

                Abrazo este sábado a mi existencia, recuerdo con cariño cada uno de mis días, traigo a mi mente esos besos tan ricos cada que me apetece y los momentos en los que al estar amando fui tan feliz, como traigo a aquel inolvidable baile en el puente de candados de París o la vez en la que la torre Eiffel se presentó frente a mí para decirme que todos los sueños se hacen realidad. Vaya que alegría, lloré tanto, pero no lloré yo, lloré porque permití que aquella niña llena de dolor viera la torre, y la subí en mis hombros para que no se perdiera nada y probablemente ese haya sido la sanación de todos esos días grises.

                Hoy escribo todo esto para decirle a la vida que no me debe nada, como yo creía. Antes pensaba que por haber tenido ciertos días de infierno y por haber perdido a mi mamá, merecía una recompensa grande. Hoy le quiero pedir perdón a la vida por haber pensado eso y le quiero decir que jamás será mi intención ser desagradecida con ella. Y lo mejor de todo es que la vida me contesta que ni siquiera yo le debo a ella por ser tan caprichosa y no valorar lo que me estaba dando, La vida me dice hoy: Siempre hemos estado a mano, yo sólo quiero que seas feliz.
              
               Saberme a mano con la vida y entender que merezco todo el amor que he recibido y que no le debo nada me hace sentirme grande, me hace sentirme importante de que alguien haya pensado que valía la pena crearme. Valía la pena que Lucía naciera y eso me llena de un amor infinito que también es un milagro. Así que hoy escribo así y porque sí, porque estar a mano con la vida me hace muy feliz, porque haber conocido el amor me hace también muy feliz y porque abrir las puertas al aquí y al ahora me llena de todo eso que yo creía que me hacía falta.

                ¿Del futuro? No pienso mucho, sólo me quedo con que el viaje de una mujer llamada Lucía Orozco y que algunos conocen como Lucía la de Flor hasta ahora no ha valido la pena, ha valido la alegría. Listo, ya lo dije. Que lindo es escribir.