lunes, 26 de agosto de 2013

LO SIENTO, PERDÓN, TE AMO, GRACIAS.


Hace poco alguien me dijo algo que me ha dado muchos resultados. La verdad, estaba nerviosa porque últimamente me he dado cuenta de las personas que me leen, del impacto, del número de lectores, del poder que tienen las palabras y a veces siento que como yo empecé todo esto como un hobbie, como una manera de desahogarme, de expresarme, de mandar mensajes en una botella, nunca me puse a pensar en ningún tipo de consecuencias, que les digo, todas han sido positivas. Pero de pronto a veces me siento insegura y como caracol me escondo y me dan miedo cosas que ni siquiera han pasado pero tengo miedo que pasen. Me entra angustia, inseguridad, culpa, muchas cosas que de verdad parece que sólo quieren atormentarme porque a la mera hora todo sale bien. En específico me pasa ahora que tengo el programa de radio los sábados a las tres. Es un micrófono pero ¿Qué representa abrir la boca? Entonces me angustia un poco tener que ser más sabia y no poder porque de algún modo siento que tengo la responsabilidad de hacer con ese micrófono algo productivo para los demás. Como si fuera una oportunidad que es obligatorio aprovechar. Y de repente con esos fantasmas en mi cabeza me cuesta trabajo avanzar y a veces juego a la segura y poco a poco voy tomando forma hasta ser yo y eso me toma tiempo por aquello de los miedos. Tal vez sólo me estoy desahogando pero síganme leyendo que prometo llegar a un punto más interesante que lo que va hasta ahora. En fin, en ese caminar aprendí algo: No puedes detenerte, tienes que capacitarte, necesito estar bien yo conmigo, con mi sistema, con mi entorno y estar concentrada en lo que hago y tratar de que la prudencia que no tengo salga a flote. Aunque por otro lado ¡SOY IRREVERENTE, ME GUSTA SER IRREVERENTE Y NECESITO SER YO O ESTOY FRITA! Así que de pronto me relajo, me echo el albur, el cliché, o no sé, entro en un personaje y digo algo muy sangrón y equis, empiezo a disfrutar el hecho de hacerme reír a mí misma, a los demás, y permitirme hacer el ridículo. En fin, son muchas confesiones que dije por teléfono a un mentor que durante una hora escuchó mi angustia.
                No puedo hacer nada ante lo que está hecho, tampoco puedo avanzar por el mundo pensando que no cometeré errores porque sería en primera un error pensar que alguien puede lograrlo. Pero sería muy tonto pensar que los errores son malos y que tengo que refinarme, porque yo, berrinchuda, terca y alegre, no permitiría transformarme en algo que no soy. En fin, no tienen idea a las personas que les conté este tema porque me sentía desconcertada.
                ¿Cuál fue la solución que ahora me mantiene tranquila? Repetir unas palabras. No lo van a creer pero fue lo único que necesité para que regresara mi paz y pudiera hacer lo que hasta ahora he hecho y de la mejor manera. Son palabras que ahora repito ante diferentes situaciones, que las digo en mi mente, que las aconsejo y me han modificado la manera de ver la vida. ¿Se las digo?
                LO SIENTO, PERDÓN, TE AMO, GRACIAS.
                Así, antes de empezar mis programas o de escribir o dar una conferencia o al empezar el día le digo al día, a mi programa, a mi escrito, a mi mañana: LO SIENTO, PERDÓN, TE AMO, GRACIAS. Como si por adelantado hiciera una declaración de lo que puede pasar y me disculpara y de entrada asegurara que voy a sentir y vivir con intensidad lo que pase y amaré lo que haga sea lo que sea en ese momento y estaré agradecida con los resultados como asegurando que algo positivo saldrá de lo que todavía no pasa, eso es confianza con lo que va a pasar… creo yo.
                Y al hacerlo, parece que me conciliara con algo sin ni siquiera haberme peleado pero como si al decir eso lo que haga no pudiera tener un efecto positivo y ser y convertirse en el mejor día, en el mejor escrito, en la mejor mañana.
                Así, antes de hacer algo importante, antes de llenarnos de juicios mentales, de miedos, de inseguridades ante un proyecto, una plática con alguien, un reencuentro, una cita, una petición, un viaje, un objetivo, podemos decirle: Lo siento, perdón, te amo y gracias. Se siente liberador. Y calla a los fantasmas que hablan en la cabeza que quieren tumbar nuestra meta.
                ¡NO SEÑOR!

                Así que hoy les digo a ustedes lectores, quienes me han leído desde hace mucho, desde hace poco, desde a penas hoy: LO SIENTO, y junto contigo vivo mis letras, PERDÓNAME, si alguna vez te ofenda sin querer de alguna manera, TE AMO, porque de algún modo somos humanos y ningún acto humano nos puede ser ajeno y en este amor colectivo somos parte de un todo y ese todo lo AMO y GRACIAS por leerme siempre y por aceptarme en todas mis facetas.

AHHH… QUE RICO SE SIENTE DECIRLO.

domingo, 25 de agosto de 2013

DECLARACIÓN DE AMOR.

Me ha pasado que estos meses han sido muy reveladores para mí. Como si me cayeran todos esos veintes que dicen que caen. ¡TODOS DE UN JALÓN Y ESTOY POQUITO EN SHOCK! 
        Pero dentro de todos esos descubrimientos encuentro paz porque se ordena el rompecabezas de mi existencia, de verdad, siempre lo digo, para los que nos atrevemos a echarnos un clavado, pero un clavado neta, neta, es más, bucear, es más, instalar un submarino, en nuestro interior, y saber explorarlo y saber qué más podemos aprender y qué más herramientas hay dentro de nosotros que no sabemos, neta, la vida se vuelve una alentadora y motivante bomba de felicidad que estalla con brillantina, bombones y esas cosas felices que a los infelices se les hace cursis. De verdad, dentro de TODO, existe esa felicidad, pero hay que pagar el precio. En fin, entre esos descubrimientos llegué hoy del cine y tuve un poco de claridad y en menos de quince minutos escribí esto que probablemente sólo yo me entiendo porque son mis procesos pero me pasa que cuando los comparto muchos se encuentran en el mismo canal y eso la verdad me alienta.Por mi parte hay ahí, en este texto, muchas cosas entre renglones y palabras que para decirlas me costó mucho, mucho, mucho, luego platicaré bien de adelanto creo que mucho fue aprendido por algo que viví el sábado, donde lloré como nunca había llorado al descubrir lo que también nunca había descubierto. Espero me entiendan o por lo menos les guste ya que se los comparto con mucho cariño:




MI DECLARACIÓN DE AMOR
Por Lucía la de Flor




Hoy 25 de agosto de 2013 declaro que estoy:

                Lista para conectar el corazón con la razón y escribir desde las entrañas. Lista para dejar la corona del ego que poseía mi cuerpo. Lista para reconocerme, para levantar la mano, para contestar el teléfono de las oportunidades y para reconocer, al reconocerme, a quién quiero al lado mío.
                Estoy lista para más encantos, para descubrir hasta dónde puedo llegar cuando aligero el equipaje y me llevo lo único que siempre debí haberme llevado: la fuerza del amor.
                Dejo detrás de mí todo lo que necesité vivir para llegar a este día. Lo dejo en orden, en su lugar, todos esos días que no quiero que sean juzgados nunca más, todos esos días los dejo ahí, como bebés, dormiditos, en santa paz.
                He sido una jueza toda mi vida. Pero será la única vez que lo diga porque ya no quiero juzgarme. Dejo todos mis prejuicios, dejo esa forma de ver la vida con esos ojos que no ven más allá, que no logran meterse en el mundo de la empatía, y creen que yo sólo tengo la razón, yo soy la sabelotodo… dejo atrás todo porque tampoco quiero hablar mal de mí, porque tampoco lo merezco. Todos esos juicios irán desapareciendo conforme mi conciencia nueva los vaya callando en el camino con ayuda de mi volutad.
                Me despido de los roles que no me pertenecen. ¡Adiós roles que no me pertenecen! Ahora busco, desde mi lugar, tocar el mundo. No desde el de nadie más, el mío que me concierne por derecho divino. Y así como es divino mi lugar, acato la nueva regla de respetar con esa misma calidad el de los demás.
                Respondo a mis impulsos de volar y llena de entusiasmo y dejando todo en su sitio, comienzo el vuelo. Ya he pagado cada precio de mis culpas y ya he aprendido de cada error que también fue necesario en este Plan Perfecto que un tiempo no creí existiera.
                Así le digo a mi vida: Lo siento, perdón, te amo, gracias. Y con esas cuatro poderosas acciones me declaro un maravilloso ser libre y en prosperidad. Dueña de su vida y por lo tanto responsable de sus actos.
                ¿Es este el principio? No, el principio de lo que tiene que ver con mi existencia y los que tienen que ver con ella ni yo lo sé. Y necesité que cada cosa del pasado hubiera ocurrido para estar aquí. Pero, así como cada quién hizo algo para que cada acto nos llevara a este sitio, declaro que hoy, sin estar en el principio, continúo a mi manera, con mis nuevas travesías, con lo que tomo de cada día pasado, con lo que dejo, con lo que tomo de cada persona que amablemente me lo ha dado, con lo que dejo. Soy el conjunto del pasado y de mis antepasados pero en mi suerte de estar viva ahora, también sé que soy la escritora de esta historia y al tener la pluma produciré mis propios resultados.
                ¿Cómo lo haré? Sintiendo, pidiendo perdón, diciendo te amo y siendo agradecida. Cada quién cumple su función en este universo donde todos están haciendo su parte… yo hoy, en mi actuar, escribí esto porque lo sentí.

miércoles, 21 de agosto de 2013

LAS PASTILLITAS DEL OLVIDO

Me pasa que a veces escribo cuentos y luego no me gustan, los dejo descansar y no los subo a internet creyéndolos insuficientes. Hoy me encontré este que hice hace mucho en mis clases de literatura. Lo leí y no me acordaba del final entonces estaba intrigada y me gustó. Creo que todos merecemos entender que darte a los demás no te quita de vuelta. Que lo que diste ahí y está bien y que sigues completa. Tal es el caso de Marina y sus pastillitas del olvido.

Las pastillas del olvido
Por Lucía la de Flor


-          ¿Qué quieres Marina?
-          Ya pensé mi respuesta, deme las pastillas.

Era día del Santo Patrono de Chilupán  cuando Marina entró a la farmacia preguntando por las pastillas del olvido.
-          Miranda las tomó, Angélica las tomó, no sea malo deme una. – Le insistió.
-          Mi padre no está, hace días que atiende al viejo Lucas, que se nos anda muriendo desde hace semanas, pero sé de qué hablas y puedo dártelas hermosa, pero como ellas no habrás aprendido nada. – Dijo el joven alto y de ojos profundos.
-          ¿Qué hay que aprenderle al General Ruesga? Sólo hay que estar a doscientos kilómetros de su presencia es lo único que le aprendí. Démelas y nadie saldrá herido.
-          Herida ya estás, por eso te digo, no aprovecharías el valioso entendimiento de un corazón roto. – Mira prométeme que lo pensarás y si estás decidida  te doy mi palabra que mañana te las vendo aunque no esté mi padre.
Así lo acordaron y mientras todos alzaban sus ramos en el desfile del Santo Patrono, en Chilupán lloró Marina toda la tarde en su rinconcito favorito, la piedra donde de niña desgranaba elotes. Había tomado en serio la propuesta del boticario y temía que al olvidarlo pudiera, no sé, volverse a enamorar de él tras no haber aprendido la lección. Lo vería sin desprecio y ante esa indiferencia se engañaría nuevamente con sus encantos. O al menos eso chismearon que le había pasado a Miranda. Y mírala, embarazada y sola.
                Pero ¿De qué servía que estuviera así de triste? – Pensaba una y otra vez. El maldito Ruesga ya estaba conquistando a la hija de Guadalupe, que porque iba más a misa que yo, ha de estar tras su virginidad como cuando estuvo conmigo y como todas antes de mí. – Siguió pensando -  Pero desgraciadamente mi odio hacia él era equivalentemente proporcional al amor que le tuve. – Dijo casi en voz alta. -Vaya que se lo tuve. – Ahora sí exclamó - Bastaba que enredara mis dedos en sus chinos para darme cuenta de que le estaba entregando todo mi ser sin ni siquiera decírselo.
                Estúpida, estúpida, golpeaba una mazorca contra otra. Tres mil veces estúpida. No podía permitirse el lujo de volver a caer, eso jamás. Debía, como decía el boticario, aprender de su dolor, no de él, de su dolor. Si le iba bien o le iba mal al General, tenía que dejar de importarle si quería concentrarse en ser feliz… y así regresó a casa.
-          Te perdiste de la fiesta mi Marina.  – dijo su padre.
-          Ya ves que esas cosas últimamente no me gustan, nomás era para darle gusto a mi mamá pero disfrazarse y hacerle al merequetengue no se me da papá.
Él ya lo sabía pero no estaba de más decirle que había una opción para estar pensando en otra cosa que no fuera en el general pero era imposible. Bueno, en realidad no era imposible, estaba a unas horas de tener la oportunidad de tomarse unas pastillas que la harían dejarse de pendejadas.
Así cayó la noche, acostó a su papá para que no extrañe la tradición del beso de buenas noches que la mamá de Marina siempre le daba cuando estaba viva y luego se volvió a la cama, cepilló su pelo como si no pensara en nada, pero sí pensaba. Trataba de engañar al espejo para que no se diera cuenta de su idea macabra, pero sí se daba cuenta. Aceptaría las pastillas y ese era un hecho. Necesitaba vengarse y lo haría.
                “Puto el general”. Dijo en voz alta y después besó al Santo Patrono de Chilupán antes de echarse a dormir. Parecería que tardaría en pelar el ojo pero lueguito quedó dormida, como si ya supiera su decisión y no hubiera nada más que pensar.
                Y tan rápido durmió, tan rápido amaneció y se metió a bañar y desayunaba mientras se trenzaba el pelo. Le dio un beso a su papá quien todavía dormía, no como antes cuando vivía su madre que se levantaba tempranito sólo para contemplarla, pero ahora ni el sol lo dejaba amanecer y con todo el amor del mundo lo miró y volvió a besarlo mientras le acariciaba los cuarenta y cinco pelos de su coco.
                Llegó a la farmacia y le dijo al hijo del boticario:
-          Deme las pastillas.
Dos eran suficientes para olvidar el amor pasado y metidas entre su corpiño salió de la farmacia hacia la casa del general quien ya la estaba esperando meneando su bigote como todo un ganador, como alguien que sabía que se doblegarían a sus pies y que necesitarían más de él. Su ego invisible a primera instancia le envolvía su uniforme y mientras acomodaba el cinturón Marina lo besó en el cachete.
-          ¿De qué querías hablar? Le dijo él.
-          ¿No le puedes dar agua a alguien que fue tu amante en este día soleado?
Entraron, ella se ofreció a servir dos vasos, ya conocía bien el refugio del rompecorazones y tras no pensarlo dos veces vertió las pastillas en uno de ellos. Y sin perder de vista cuál era cuál, le dio el vaso con las pastillas del olvido disueltas al general.
Su corazón se agitó, claro estaba que iba a olvidarla y aunque extrañamente a ella le dolería no ser recordada aunque fuera por alguien que no valía la pena, sabía que ese sería su castigo, que el general no merecía saber lo que se siente ser amado de verdad, no merecía recordar, no merecía haber experimentado lo que es que una mujer lo ame tanto; y aunque él siguiera su camino de mujeriego altanero en busca de inocentes primerizas en el juego del amor, su venganza sería que no la reconocería al pasar, no sabría las noches de desvelo, las lágrimas que lloró por él el día que la dejó y los momentos tan felices que pasaron el Playa Paz.
Sí, le quitaría el privilegio de haberla conocido y en un ataque de rabia le dijo. “Bebe que hace calor y no quiero que mi general se deshidrate…”
El general bebió hasta la última gota mientras ella sonreía sabiendo que su dolor nunca se iba a quitar, pero que todo el amor que le había dado se lo había arrebatado de golpe. Se quedó dormido ella salió de su casa sabiendo que sería la última vez y de regreso se encontró al hijo del boticario.
-          ¿A dónde fuiste Marina?  ¿Qué hiciste con las pastillas?
-          Nada que te importe.
-          ¿Fuiste a casa del general verdad?
-          Vaya, este pueblo si es un chisme andando. ¿No tienes que estar en la farmacia ya que no está tu padre? – El hijo del boticario se puso las manos en la cabeza y le dijo “vaya que no todo se olvida…”
-          ¿De qué hablas?
-          Lo que hiciste con el general Ruesga hice yo contigo hace tiempo ya, por eso no me reconoces. Pero si algo aprendiste de mí y no pudiste olvidar fue a vengarte como yo lo hice y tu castigo será descubrir que aunque otra persona no te ame, privarle de lo que le diste es un acto de más egoísmo de lo que cualquiera pudiera haber hecho contra nosotros.

sábado, 10 de agosto de 2013

¡QUE LA VIDA VIVA!



QUE LA VIDA VIVA...
Por Lucía la de Flor




Tenía unas ganas de abrir la computadora sólo para mí. La última vez que lo hice escribí más de treinta hojas, fue un día después de regresar de Europa, justamente el día que nombraron Papa a Francisco. Escribía sin parar y al final ese amor que convertí en letras se quedó sólo para mí. Tenía tantas ganas de compartirlo, lo siento inútil en mi Word. Aunque por el contrario me pasa que, al estar compartiendo todo por las redes sociales, me entra unas ganas por encontrarme solita en la computadora y escribir sólo para mí, escribir en calzones con mi aromaterapia que me dio Maggie de la India, mi torre Eiffel que me alcancé a comprar, mi escritorio, un cigarro y yo con lentes. Nada más, sin miedo a qué van a pensar los demás, escribir sólo lo que yo quiero. Hoy quiero intentar hacerlo aunque en realidad sí los tengo a todos en la mente, a todos. ¿Lograré escribir sin libertad por aquello de que no puedo sacarlos de mi mente? Estoy a punto de descubrirlo.
               
               No soy una adolescente, pago mis rentas y me mantengo de pie. Los errores que antes me daba el lujo de cometer ahora los oprimo y probablemente sea un poco más aburrida tras esa represión de que somos adultos y no podemos equivocarnos. No podemos darnos el lujo de irnos de boca en el amor y tampoco abrir un negocio sin recapacitar en deudas, gastos... pero aquí estoy, en un sábado por la tarde pensando en no sé qué tanta cosa, pero delicia porque quiero complacerme a mí y escribir lo que yo quiera.

                ¿Es acaso que durante este período como escritora no he escrito lo que yo quiero? No lo sé, a veces siento que más allá de escribir tengo la misión de ponerte de buenas, algo así como hacer por los demás lo que me gustaría que hicieran por mí. Es extraño, me pasa que ahora que acabo de cumplir años y haberme desenamorado hace poco, no sé qué terreno estoy pisando.

                ¿Qué quiero yo de mí? ¿Qué necesito? Hoy, les confieso, me siento mejor que nunca pero eso no quiere decir que no sepa a qué sabe el miedo, la soledad, los vacíos, pero esas incertidumbres y malos ratos son parte de ese conjunto “me siento mejor que nunca”.

                Por ejemplo, yo creí que sabía amar. Al menos en alguna forma primaria. Pero no lo sabía. El año pasado descubrí lo que es amar y tan sólo de escribirlo y ver mi torrecita Eiffel se me rasgan los ojos y le fumo al cigarro. Y continúo porque estoy escribiendo para mí.

                ¡Mierda! El amor es increíble pero practicar ese verbo y no sólo decir “te amo” sino “estar amando” rayos me hace volver a llorar. ¿Qué tuve que vivir para aprender a amar? 

               Recuerdo, hace unos años, estaba pasando por una etapa muy fea de mi vida, tan fea que no me he atrevido a platicarla todavía en estos otros muchos años de escritora. Sólo la platico por afuerita o me sirve para expresar sentimientos pero hace años me cargaba la chingada y no mamadas.

                En ese tiempo le recé a Dios en mi cama, llorando también. Le dije “Dios, por favor, si hay un hombre bueno para mí, alguien con el que yo pueda ser feliz, no me lo mandes ahorita porque estoy hecha pedazos. Dame tiempo Diosito, no quiero recibirlo así, dame tiempo…”

                Seis años tuve aventuras, besos, romances de fin de semana… nada que yo pudiera ver a los ojos y decir “Aquí estás”. Esperaba a alguien, les confieso. Esperaba a alguien al mismo tiempo que deseaba que no llegara todavía porque estaba hecha pedacitos y cuando me desesperaba por estar sola le decía a Dios: Todavía no estoy lista.

                En un arranque de soledad le volví a rezar a Dios… “Diosito ¿Por qué me dejas sola? Tal vez no quiera estar sola, necesito un abrazo, necesito a alguien que me haga sentir que la vida es rosa, aunque lo es pero no del todo por eso estoy rezándote…” En pocas palabras estaba desesperada por conocer el amor, otra vez. La primera había sido tan bonita y yo la había un poco regado entonces quería enmendar mi error en otra alma.

                Leí, fui a bodas sola, escuché historias de amor, incluso, me dedicaba a peinar novias para bodas y me tragaba toda su historia de amor con amor pero con algo de coraje. ¿Cuándo me tocará pasar al pizarrón?

                Pero nada, Lucía estaba sola y se burlaba de ello en las redes sociales. Hacía chistes de mi situación y hasta le tomé cariño. Y no sé si tenía miedo de estar enamorada y habré pasado algunos galanes sin dejar que nada sucediera porque a pesar de que lo quería con todo mi corazón, no estaba lista. Y en mi mente tengo a dos que tres que pudieron haber sido una buena oportunidad.

                Después pensé ¿Cuándo se está listo para amar? Ya había leído todo el Cabronario: La cabrona perfecta, por qué los hombres aman a las cabronas y había descubierto que eso no era amor. Después leí a La Maestría del amor, El Camino del Encuentro de Jorge Bucay, Amar o depender, Jane Austen, y pensé que ya sabía al menos identificar lo que podía llamarse amor y lo que no, pero en voz de otras personas, quería sentirlo.

                En esos seis años de desesperación y risas también, conocí a muchas amigas, las vi enamorarse, las acompañé en su viaje y dejé de pensar en eso un poco… tal vez, cuando eres tu única pareja te vuelves tu novia, te compras lo que te gustaría que alguien te regalara y te arreglas para tomarte una selfie… sólo para guardarla para cuando las arrugas cubran tu piel.

                Cocinaba para mí, velas, servilletas de tela… coqueteaba en las noches con hombres que existían en mi mente, los imaginaba antes de dormir y hacía mil y un historias… yo y yo vivíamos una relación donde cubríamos las necesidades básicas al menos. ¿Qué si era feliz? Sí, sí lo era. Y dentro de todos esos años donde ya quería conocer lo que es tener una pareja, aún en mi curiosidad, no me dejé conquistar por personas que creí que no serían suficientes. No caí ante el primer encanto y esperé.

                Entonces hice de la escritura mi manera de hacer el amor a la hora que yo quisiera. Y perdí la virginidad entre cartas que sólo fueron mías, escritos que subí y probablemente les gustaron pero había un mensaje íntimo sólo para mí escondido entre cada párrafo y me divertí con esa situación y esta nueva profesión que me hizo enfocarme en lo que verdaderamente importaba: En vivir.

                Me ubiqué en el ahora, en mi realidad, y me concentré en mis sueños. ¡Pum! Mientras hacía todo eso me enamoré de un lector con el nombre de mi Bisabuelo, quien por cierto, también era escritor. Y descubrí que probablemente no sé si ya estaba lista o me pasó como a las mujeres que se convierten en mamás: Comienzan a serlo sin instructivo.

                El miedo tocó a mi puerta enseguida y le dije: Esta vez no voy a hacerte caso. Incluso recordé lo que me había dolido perder a mi mamá y al tener a alguien que amas un poco de la misma manera me asustaba la idea de repetir esa separación que después de 16 años me sigue doliendo. Pero en este caso, incluso la razón estaba de mi lado, al tener la nueva filosofía de que lo único que importaba en este mundo era vivir, dejé vivir el amor dentro de mí. ¿Qué si fui feliz? Fui inmensamente feliz.

                Me costó trabajo como todo llegó de golpe, porque no sólo fue el amor: había publicado mi libro y en una presentación sentí que el día más soñado en mi vida (Más que lo que sueña una mujer con su boda) estaba pasando. Ese día mi papá me escribió una de las cartas que más me han gustado en toda mi existencia y sentí que todos mis seres queridos estaban ahí. ¿Saben cómo me sentí exactamente y de hecho me acordé de esa escena? Cuando Jake y Rose se mueren en el Titanic y al final los reciben todas las personas del barco y les aplauden. Veía tantas caras conocidas que me querían con todo su corazón que no pude evitar decirle en silencio a Dios: Gracias.

                Debido a mis seis años de soltería había conocido a tantas personas. El que me dio ride a la salida de una fiesta, con los que viajé, con los que viví temporadas donde no nos separamos y los amigos que siempre, siempre están, mis wikys por ejemplo. Por eso siempre que me preguntan que por qué conozco a todo el mundo y me la paso saludando gente les contesto: Seis años de solterismo me avalan.

                ¿Qué si me asustó dejar entrar a mi vida tanto amor en una sola noche? Sí, sí me asustó, pero dejé que la cascada se desbordara y entendí que estaba cosechando muchas cosas que había sembrado y me permití merecerlo. Merezco este amor. Punto.

                ¿Por qué será que cuando más feliz estás te acuerdas de aquel dolor que marcó tu vida? Me transporté al pasado, a esos años donde todavía no tengo el valor de escribirlos y en el hoyo sentía que no había esperanza para una guerita, novena de diez hijos, con muchas ilusiones en la vida. Traje a esa niña de esa edad a la fiesta y verla ahí fue lo más bonito que he sentido en la vida. Me gusta recordar a la Lucía con más dolor en su corazón y llevara a todos los lugares a los que ahora soy muy feliz. Así que la llevé a enamorarse y con novio nuevo después de muchos años le permití que lo besara y no me puse celosa. Probablemente mi novio de ese entonces no notó las veces que lo besó esa niña con dolor y las veces que lo besé yo.

                Probablemente eso era sólo algo mío, como los escritos que no subo, y son míos. Pero compartir mi novio con esa niña llena de dolor me causó placer. Probablemente ella lo merecía más que yo.

                Ahora ella y yo nos quedamos otra vez solas, y en este sábado 10 de agosto de 2013 decidimos poner música y sentarnos a escribir como muchas veces lo hicimos. La escritora siempre fue mi desahogo desde que tenía catorce años y veía cómo mi mamá moría de cáncer. Escribía todo lo que sentía para poder sonreír cuando la viera. Y no sé si soy escritora porque tengo habilidades literarias o porque mis sentimientos son tan fuertes que necesito plasmarlos en donde pueda para dejarlos existir. Como dejé existir el amor en mí, aquella vez que me enamoré.

                Sentir amor es muy bonito, pero amar es un milagro. Amar es una señal de estar más viva que un ser humano que sólo existe. Amar es saberlo, amas o no amas. Yo amé. Y probablemente nunca me arrepienta de amar a pesar de no haber sido la persona correcta para el futuro, fue la persona perfecta para ese presente que también fue perfecto. Es un regalo que das pero que te permites regalar y al regalarlo es un regalo para ti.

                Yo no sabía todo esto porque al terminar el dolor que se tenía enfrente cubría todo ese aprendizaje que quería salir a flote para decirme que lo había logrado: Amé. Y sí, ese es el resultado perfecto de toda relación termine o no termine, no sabía verlo porque había perdido a la persona que amaba.

                No quería que mi niña triste se pusiera triste otra vez pero curiosamente ella fue la heroína que me sacó adelante, Mi mi misma de menos años me dijo: Lucía, somos más fuertes que la pérdida. Y creo, lectores hermosos, que somos más fuertes que cualquier pérdida, y creo, más allá de todo que a veces cuando pierdes, ganas.

                Hoy después de un tiempo razonable para razonar y sentir con el corazón me vuelvo a construir y le quito el poder a la tristeza de hacerme pedacitos. Y me siento sola, sí, pero deliciosamente sola. Cuando eres consciente de que el presente es lo único que tienes, cuando dejas que la vida viva, cualquier día lo reconoces como reconoces al amor: Como un milagro.

                Un milagro pasó dentro de mí al amar y eso me ha transformado y por eso no considero que he perdido. Y en esta situación en la que pienso ¿Y ahora qué será de mí? Me tranquiliza de saber que por primera vez dejo que la vida viva y que los días se escriban solos, uno por uno, llevándome a un camino que no sé dónde termine pero donde me vuelvo a encontrar con esos amigos que estuvieron en la presentación de mi libro y que estuvieron también en mi etapa de dolor infinito. Corrección, el dolor no es infinito. El amor sí lo es.

                El verbo amar se convirtió en una nueva forma, ya que no tengo al ladito a esa persona, lo he dado de diferentes maneras. ¿Qué si estoy en espera de encontrar a otra persona a la que pueda entregarle toda esta magia que hay dentro de mí? No, no lo estoy.

                No le pido a Dios encontrarme a nadie y tampoco le pido estar sola, le doy gracias de existir y de dejar que la vida viva. Y cuando la ansiedad de todo ser humano por conocer si en el futuro habrá un buen porvenir llegue a mi corazón, lo calmaré diciéndole: Lucía, deja que la palabra más bonita que conoces haga lo suyo: Coincidir.

                Abrazo este sábado a mi existencia, recuerdo con cariño cada uno de mis días, traigo a mi mente esos besos tan ricos cada que me apetece y los momentos en los que al estar amando fui tan feliz, como traigo a aquel inolvidable baile en el puente de candados de París o la vez en la que la torre Eiffel se presentó frente a mí para decirme que todos los sueños se hacen realidad. Vaya que alegría, lloré tanto, pero no lloré yo, lloré porque permití que aquella niña llena de dolor viera la torre, y la subí en mis hombros para que no se perdiera nada y probablemente ese haya sido la sanación de todos esos días grises.

                Hoy escribo todo esto para decirle a la vida que no me debe nada, como yo creía. Antes pensaba que por haber tenido ciertos días de infierno y por haber perdido a mi mamá, merecía una recompensa grande. Hoy le quiero pedir perdón a la vida por haber pensado eso y le quiero decir que jamás será mi intención ser desagradecida con ella. Y lo mejor de todo es que la vida me contesta que ni siquiera yo le debo a ella por ser tan caprichosa y no valorar lo que me estaba dando, La vida me dice hoy: Siempre hemos estado a mano, yo sólo quiero que seas feliz.
              
               Saberme a mano con la vida y entender que merezco todo el amor que he recibido y que no le debo nada me hace sentirme grande, me hace sentirme importante de que alguien haya pensado que valía la pena crearme. Valía la pena que Lucía naciera y eso me llena de un amor infinito que también es un milagro. Así que hoy escribo así y porque sí, porque estar a mano con la vida me hace muy feliz, porque haber conocido el amor me hace también muy feliz y porque abrir las puertas al aquí y al ahora me llena de todo eso que yo creía que me hacía falta.

                ¿Del futuro? No pienso mucho, sólo me quedo con que el viaje de una mujer llamada Lucía Orozco y que algunos conocen como Lucía la de Flor hasta ahora no ha valido la pena, ha valido la alegría. Listo, ya lo dije. Que lindo es escribir.

jueves, 16 de mayo de 2013

ME CONVERTÍ EN MÍ





Nop, no va a haber más “te amos” por el momento. Va a haber libertad y la libertad asusta mucho seamos o no personas maduras. Va a expandirse todo el mundo y las opciones caerán a mis pies, y eso, asusta más que ser libre. ¿Qué carajos voy a hacer en este mundo nuevo donde sólo estoy yo con mis pies?

         Chale. Era mejor sentirse atrapada. ¿Pero querías ser una mujer lista verdad? Sí, si quería, por eso pagué el precio de evitar que me sedujeran deseos baratos y me esperaba y luchaba por otra cosa. No me subí a trenes fáciles ni acepté pasajes gratis, luché para merecer lo bueno o malo que tengo ahora, pero es pinches mío.

         Con coraje y valor me convertí en guerrera, esas que cuando lloran levantan la cara. Y pensé que debía tener paciencia, que debía sentir esa cascada de dolor que le llega a los que deciden autoexplorarse y así me empapé de mí. Era de colores.

         Y con ese nuevo bautismo inventado por mí  me regalé el privilegio de ser. De poner altos donde mi ser es pisado, de poder tener el poder de distinguir que otros seres cohabitan y hay que tratarlos con amor y así me hice yo. Me convertí en mí.

         Mis pies firmes te encontraron… vaya que lo hicieron. Creyeron que no pasaba nada si de pronto alguien quiere caminar contigo. Me tranquilicé de saber que tal vez, estaba bien que me tomara un descanso, que me sentara a admirar el paisaje, que dejara de fruncir la boca y de ser tan dura con mis exigencias. De convivir y dejar que me vieran. Y entonces hice un gran pic nic en mi vida. Saqué las manzanas que cultivé desde niña, abrí el vino mejor y me dispuse a entregarme.

         No soy una mujer cuenta chiles y me había tomado mucho tiempo darme cuenta de que dar no me quitaba entonces, di. Y sin pensarlo recibí. Un intercambio de culturas, infancias, chistes locales, momentos mágicos y maneras de resolver y enfrentar la vida se fusionaron varias veces y en varios países.

         Solté mi arco, me quité la espada, dejé de ser una guerrera para aceptar lo que todos somos: Almas. Me quité rápido algunos malos hábitos, sonreí porque sabía que brillaba más y ¿mi error? Desempaqué.


         Desempaqué como si necesitara un cambio para el día siguiente, cuando el único cambio fue que no hay más “te amos” y como fatality de mortal combat me salió el letrero de Game Over en la pantalla.

         Pero soy valiente, soy un alma guerrera, soy hija de la luz y mi destino final no era ese… me puse de pie y caminé hacia el único lugar que sé: Hacia el Sol.

         La diferencia de Lucía antes de ese encuentro es que he dejado mi arco y mi espada, me he dado cuenta de que en el amor no los necesito… y mi vida es amor puro. He dejado también el vino mejor, porque a cántaros lloverá otra vez que decida encontrarme y mis células se regenerarán y más encuentros vendrán y en todo este enredo de mi vida de guerrera me di cuenta de que las armas que más traspasan son las que llegan al corazón sin violentarlo.

         Me despido con el único texto que ha podido salir de mi garganta desde que dejé mi pic nic en un lugar del que cada día me alejo más.

viernes, 10 de mayo de 2013

HARLEM SHAKE

Si no puedes contra los movimientos en internet... úneteles....

Mis sobrinos y mi hermano...

LA MUJER SIN CORAZÓN

Equipo, como les prometí, sigo subiendo mis tareas de Literatura Creativa... este es mi primer cuento "bien hecho" o más bien dicho "no tal malo" se los comparto. Gracias.


La mujer sin corazón
Por Lucía la de Flor
La razón principal por la que nos aferramos a algo, es porque tenemos miedo de que no pueda pasarnos dos veces... 



-       ¿Vacaciones?
-       ¿Perdón?
-       Sí, qué te trae a Madrid. – Dijo en un tono típico español el de los jeans rotos a la mujer que acomodaba su maleta. Ella se incomodó pensando que era imposible decirle “Ah no, lo que pasa es que voy a tu ciudad a recoger mi corazón” sonaría absurdo, así que contestó con un simple “sí” y se sentaron.
-       Bueno pija pero qué cara. Prometo dejarte dormir pero anda, estaremos bastantes horas en el vuelo. – Dijo él-. Ella sonrió, pensando en lo extremadamente romántica que había sido esa escena si ella estuviera completa. Pero le faltaba el corazón.
-       Soy Lucas, le voy al Real y tengo hambre. ¿Tú?
-       Amanda, tengo cáncer y hago el último viaje de mi vida. – Dicho esto Lucas soltó la carcajada, pero la cara seria de ella le reveló la verdad con la formalidad de su actitud.
-       Vaya tía que desastre, pero si ni te ves mal. Y qué ¿Crees que tienes derecho a estar de amargada sólo porque vas a morirte? No me das lástima, ojalá y te recuperes y entonces digas “ah pero cuántos años pasé de ojete tirando mierda a todos…” y te quiten tu licencia de gruñona... y te acuerdes un poquitito de mí. – Guiñó el ojo…
-      Y a ti te pongan una placa que diga “me creo todo lo que dice la gente…” – contestó.
-      A parte de mentirosa cruel ¿Eh? Así me gustan ¿y qué… estás soltera niña bromista?
-       No, mi esposo viaja a un lado tuyo. – Volteó y miró a un gordo que respiraba roncando aunque estuviera despierto. Ambos rieron.
-       Pero que maja tan tontita, mira que sí me hace gracia pero sólo por saber que es otra de tus burlitas y estás soltera y tenemos ocho horas de vuelo juntos y no morirás mañana. En definitiva el cosmos se ha alineado a mi favor…
-       Tranquilo casanova, voy a encontrarme con mi novio. –Mintió, pero era necesario ya que nada la distraería de su objetivo: recuperar su corazón. ¿Para entregarlo de nuevo? ¡Claro que no! Eso pensó mientras se colocaba unos audífonos del tamaño de dos donas Krispy Cream dando por terminada la conversación al prender su ipod.
Qué nostalgia le provocaban a Amanda – además de la situación que la embargaba -los aviones, levantarse de madrugada, el frío del aire acondicionado, ver azafatas mover los brazos explicando algo mientras ella escuchaba música y creaba una bomba de sentimientos que la hicieron encerrarse en esa jaula de recuerdos que no le permitían notar los ojos verdes de Lucas, o tal vez su estrepitosa presencia la había hecho huir una vez más del amor con esa arma letal de sus audífonos que cortaban toda posibilidad de continuar ese encuentro que terminaría en… en lo que sea, pero terminaría, porque su realidad era muy diferente a la suya y su vida un reloj de arena donde la misión de conseguir su corazón era más importante que cualquier expedición de la NASA y ni él iba a distraerla… y en pleno soundtrack de Across the Universe se quedó dormida.
Soñaba, vaya que soñaba porque sus ojos se movían de un lado a otro aunque estuvieran cerrados, sus pestañas se columpiaban y Lucas las veía tratando de adivinar qué carajos pensaba la niña flaca y blanca de boca gruesa y besable… y de pronto se imaginó que leía su cuerpo en braile…Y así, quedó dormido él.
La azafata los despertó ofreciéndoles jugo, ella sorbió la baba de la boca y él fingió no haber estado dormido. “Dos cervezas que estamos celebrando” continuó Lucas y ella sonriendo asintió. Se había puesto nostálgica y sus atenciones sorpresivas le hacían bien…
-       Y bueno mujer, ¿Cómo te han sentado los primeros minutos de vuelo?
-       Dios mío no paras, bien, si quieres hablar tendremos una conversación el tiempo que dure mi cerveza que pretendo leer el final de un libro después. – Se autocastigó; en realidad ni su libro estaba bueno y el hombre era divertido, pero había prometido no distraerse de su misión principal.
-       Vale, pero sólo asegúrame que aquel regordete no es tu prometido que no soy bueno para los golpes y vivo de mi aspecto físico. – Dijo y en seguida soltaron una carcajada mientras ella olvidaba su autocastigo permitiéndose admirar la cara de Lucas admitiendo que de verdad podría ser modelo de algo, y mientras movía sus ojos recorriendo su cara él se supo observado y abrió su boca y enseñando los dientes con una sonrisa actuada -que permaneció tres segundos- fueron los suficientes para verla alegrarse y que su risa decorara la mañana. - Empiezo yo. – Dijo él – voy a poner el ejemplo de cómo debes describirte. Soy Lucas, 32, divorciado, amo el vino tinto, no soy de la realeza aunque parezca y tengo una sobrina, Julieta, que aunque no lo creas es más hermosa que tú.
El hombre mentía. No era divorciado, era viudo, su esposa Sara se había quedado en coma desde hacía tres años y por fin sus padres habían dado consentimiento a desconectarla y cumplirían su última petición, donar sus órganos…. Cosa que a él le causaba asco, náuseas y rabia por tener que dividir en partes a Sara, con quien se había casado en una iglesia diminuta de Madrid. Después de recordar todo eso Lucas volvió en sí y puso su sonrisa fingida esperando que a Amanda se le contagiara y entonces sí, reír en serio.
-        Bien. – Interrumpió ella queriendo participar en el juego. – Soy Amanda, tengo 25 y me dispongo a hacer un viaje de introspección, sola. Quiero estar alejada de mis papás y México por un tiempo y conocer un poco.
Mentira. Había era hija única, millonaria, huérfana. Vivía sola en su departamento con su perro que curiosamente se llamaba así, Lucas, pero no iba a decírselo. Se dirigía a Madrid porque por fin habían encontrado un corazón para ella – sí padecía cáncer desde hacía más de dos años y su corazón había dejado de funcionarle en su mayoría y le habían colocado un bypass y ya llevaba un año, tres meses y cuatro días esperando por un donante -. Se operaría en Madrid al día siguiente y estaba nerviosa, por lo que un hombre como Lucas la había hecho olvidarse de todo, aunque fuera por ocho horas.
      La plática fluyó y cada uno se olvidó de sus tristezas, destiló la conversación y ella  sentía que su corazón latía sanamente y él, después de mucho tiempo, quería gritarle que ya la amaba hasta perder la voz. Pero la única que habló fue la azafata quien sirvió la comida; ella tomó sus aceitunas, él le dio el jitomate, parecían conocerse desde siempre.
-       Dime algo que siempre has querido. – dijo él - Una cosa estúpida y de poco valor que morirías por tener…
-       Es una tontería pero me gustaría tener una pistola.
-       ¡Vaya tía! ¿Y por qué una pistola?
-       No sé, para matarme antes de sentir dolor. – Recordó con coraje lo delicado de su situación, pues aunque sabía que había necesitado estar cerca de la muerte para valorar la vida, en los ojos de Lucas había descubierto que necesitaba el amor para odiar la muerte. Pero la vida no se detenía por nadie y ella no debía detenerse por él… y bajándose de sus nubes le preguntó el típico y sutil “¿Y tú?”
Él ya no quería nada, la vida le había quitado a Sara y tratando otra vez de anular su tristeza se alegró diciendo:
-       Sería feliz con unos guantes de box.
-       ¿Para qué?
-       Para golpear a tu novio llegando al aeropuerto.
-       Ja, mi novio no vendrá por mí, mentí con aquello también.  – Al decir esto Amanda hizo oficial que lo estaba prequeriendo y él cruzó mentalmente los dedos deseando que la oportunidad se volviera sólida.
-       ¿Puedo llevarte entonces a tu hotel? Mira que yo también soy pijo y un chofer vendrá a recogerme. ¿En dónde te quedarás?
-      En el Hotel de Castilla.
-      No se diga más, te llevaremos.
Ella tomó unas pastillas, le sonreía y se veía cansada de nuevo. Se agitaba mucho con ese corazón inservible y fingía estar bien pero en ese esfuerzo se había quedado de nuevo dormida. Él imaginaba que era su novia y la cobijaba a penas se movía, preguntándose por qué de pronto se sentía tan vivo y encontrando en su cara dormida los restos de Sara, y mientras seguía en las nubes de sus nuevas pasiones aterrizó el avión.
Inevitablemente se habían convertido en una pareja, él le recogía la maleta, ella iba al baño él buscaba al chofer y se subieron al coche, ella veía las casitas, él a ella y ella de pronto notaba que lo miraba él y su inservible corazón pegado al aparato volvía a cobrar vida. Llegaron al hotel, él insistió en que cenaran, ella realmente estaba agotada y tomó otras pastillas tratando de que él no se diera cuenta. Él se dio cuenta. “Veámonos otra vez” le insistía. Ella calculó los días para que si su corazón funcionaba y la operación resultaba exitosa pudieran encontrarse en un café en la Plaza Mayor en un mes, así lo acordaron y él no discutió la fecha ya que pensó que un mes sería perfecto para por fin enterrar a Sara, quien llevaba una eternidad conectada a unos aparatos en el hospital Central donde sus órganos seguían funcionando en espera de necesitados… un tormento para él y la esperanza de vida de Amanda que iba a recibir un corazón como el de la esposa muerta… del que estaba enfrente. Se despidieron, él le insistió que no faltara, ella sonrió, él leyó en su risa que ella estaba prequeriéndolo y confiado en ello supo que asistiría. 8 de Marzo, cinco de la tarde…
Él se fue esperanzado y culpable de haber encontrado el amor tan rápido, ella tenía miedo de que fuera mañana y tomó unas pastillas para dormir. Entonces pensó en su cirujía y en que le habían dicho que no podía cenar nada. ¡Rayos! Nunca había tenido tantas ganas de cenar… ¿Para qué esperar si tal vez moriría?  Pensaba, hubiera platicado con el al menos un par de horas y no estaría pasando este cruel insomnio que le recordaba las probabilidades de que la operación fracasara, o al menos eso había googleado en Internet, y aunque antes no le importaba, estar viva hasta el ocho de marzo la había mantenido con unos deseos de no dejar este mundo.
La noche cayó, ella se quedó sosegada pensando si él estaría en diferente cama pero con el mismo sueño, o tal vez fuera un casanova que había conocido a alguien ya y estuviera cenando con ella. “Maldita mujer de corazón sano” se decía envidiando a la dama que había creado en su mente que estaba cenando con él y así se quedó dormida hasta que sonó el despertador en punto de las nueve.
Se baño, tomó un taxi y llegó al hospital y una silla de ruedas la esperaba, sentarse en ella la hizo recordar que estaba enferma y conmemorar que lo estaba la hizo sentirse débil, bajó la mirada y dejó que la condujeran entre los laberintos blancos de luces arriba… de pronto pensó en él… ¿Lo seguiría prequeriendo aunque tuviera otro corazón? ¿Será que sus sentimientos cambiarían? Había leído que cuando te hacían un transplante del órgano vital podías dejar de tener los mismos gustos e incluso dejar de estar enamorada…
      La adentraron en el quirófano, el doctor ya asomaba sus ojos de entre la ropa pistache que se ponen antes de operar, ella se dejó encandilar por la luz y entonces dijo:
-        ¿De quién era el corazón?
-        ¿Cómo dices Amanda?
-        Sólo quiero saber el nombre…
-        Es información confidencial… ¿Por qué piensas esto hasta ahora?
-        ¡Carajos voy a ponerme el corazón de una persona que no conozco y sólo quiero saber su historia! – Pero era tarde, el doctor ya le había inyectado la anestesia y poco a poco quedó dormida… pensando en el ocho de marzo.
El ocho llegó como cada año y ella se puso el vestido salmón que había pedido a una enfermera que le comprara hace días, sus cachetes habían dejado de ser blancos, y nerviosamente sentada esperó al hombre que prequería, quien llegó a los cinco minutos y no le dio chance de que ella pensara que es una locura... y dándole la seguridad de quien le apuesta también al amor. Lucas se sentó frente a ella sin saludarse, sólo rieron. Se pusieron serios, volvieron a reír, comenzaron las carcajadas, se formó agua en los ojos de él, ella sintió calor en su nuevo corazón y entonces, como una revelación divina dijo en su mente: Acepto mi segunda oportunidad. Su corazón bombeó como música tropical y guardando la imagen de la risa de Lucas prometió nunca hablar de lo que acababa de descubrir.

martes, 30 de abril de 2013

LA CAJITA DE PREGUNTAS

Para David mi hermano. My childhood mate!

No sé si a todas las personas les pasa y si a la misma edad pero de una manera tonta me he preocupado una y otra vez… la vez que lo hice más conciente fue mientras manejaba mi cherrary donde las Naciones Unidas se convierten en Montevideo al pasar por una escuela. Había sol, regresaba de casa de una amiga y el pensamiento más cruel me vino a la cabeza:

Tengo prácticamente 30 años, entonces si el promedio de vida en México es de 75, entonces… (Con voz de Lilo la de Lilo y Stich cuando se desespera) “¡Entonces ya casi viví la mitad!”

En cuanto ese pensamiento cruzó por mi cabeza un millón doscientas treinta y cinco preguntas salieron de una caja que ni sabía dónde guardaba, cada pregunta con un tono de voz diferente como si fueran espíritus:

“¿Estás donde quieres estar? ¿Eres feliz? ¿Quieres seguir viviendo en México? ¿Te gusta lo que haces en el día? ¿Qué te falta por hacer? ¿Ayer te divertiste? ¿En cuánto tiempo estarás arrugada? ¿Te gusta tu nombre? ¿Qué vas a comer hoy? ¿Qué tipo de abuelita seré? ¿Llegaré a ser abuela? ¿Habré vivido ya la mitad de mi vida? ¿La segunda mitad será mejor que la primera? ¿Estaré sana? ¿Me voy a morir pronto? ¿Es hora de dejar de fumar? ¿Me gusta mi trabajo? ¿Por qué me amargo la vida pensando estas cosas? ¿El día de mañana me voy a reír por creerme moribunda a mis 27? ¿Tengo lo que quiero? ¿Qué me falta? ¿Qué me sobra..?”

Me detuvo esa luz roja que odio... pero a veces es necesaria... no venían coches y me la pasé. ¡Necesitaba llegar a casa! ¿Cómo es posible que me alteren todas estas preguntas? No es la Lucía que conozco ¿En qué momento de la vida crecer deja de ser el mayor incentivo para despertar y se convierte en un miedo constante? ¡Qué actitud tan nefasta! Me avergoncé de haber pensado eso y llegué a casa a ver un poco de cultura moderna, o sea, la televisión.

Definitivamente necesitaba un lugar donde colocar cada pregunta que había salido… por más que no me gustara esa actitud eran cuestionamientos que me había hecho mi niña interior y no iba a ignorarlos, pues se notaba claramente que tenía miedo de crecer y había que enseñarle que no era tan malo, pero primero tenía que preguntármelo a mí misma… ¿De verdad no es tan malo?

¿Cómo voy a responder preguntas que vienen de una niña que no comprende? Me imagino que es algo así como cuando tienes que explicarle a tu hijo de dónde salen los bebés. El gran “problema” es que los mismos papás no creen que es algo puro, sano y bueno… ellos mismos sienten vergüenza del acto sexual y por eso no lo explican tan textual… porque hay “pecado” de por medio. Si de verdad entendiéramos al 100% la naturaleza del acto, lo contaríamos mientras comemos palomitas. Del mismo modo mis preguntas. Necesitaba entenderlas antes de responderlas.

Como aquella noche cuando mi mamá tuvo que despertar a Kina después de intentar consolarme por horas. Resulta que había tenido pesadillas varias noches y no conseguía dormir. Hasta la noche que me entró la más grande desesperación. Me levanté llorando y corrí con mi mamá.

¡Mamá mamá ábreme soy yo! Gritaba desesperada.
- ¿Qué pasa mi gorda te sientes mal?
- No mamá, tengo otra vez pesadillas…

Recuerdo que se reía mientras le explicaba y sabía que no estaba entendiendo a lo que me refería. Era oficial, mi mamá no comprendía la magnitud de mi miedo.

- ¿Por qué tienes miedo de crecer Lucía?
- Por que sé que me voy a convertir en una de ustedes… dije mientras me sonaba los mocos de tanto llorar.
- ¿Por qué no quieres ser como nosotros?
- Porque ustedes son muy aburridos mamá. No entiendes. Yo sé que voy a crecer y voy a ser una aburrida persona como todos los adultos. No conozco ninguno divertido. ¿Cómo es posible que las mujeres se junten a platicar mamá? ¿Por qué no juegan? ¿Por qué ya no hacen nada divertido? Sólo se sientan. ¡Que tiene de divertido estar sentada platicando!

Mi mamá se reía aún más de que una situación así me hiciera perder el sueño y fue con la Maestra en sueños… Kina. Tuvo que despertarla a media noche y mientras susurraban yo sabía que mi mamá le estaba explicando que no tenia nada, que era una mensada y que intentara que volviera a dormirme. Pero Kina llegó y me pidió que le explicara todo de nuevo.

“Mira Kina. Yo sé que ustedes no entienden, pero es porque tú ya te convertiste en uno de ellos, y esa es mi preocupación, que yo un día voy a estar como tú riéndome de mi situación. Y yo sé que no lo hacen con mala intención, pero Kina, de verdad ¡Yo no quiero crecer!”

Kina se puso seria y comenzó a preguntarme interesada por mi situación y tratando con delicadeza cada sentimiento que salía de mi boca. Entonces yo hablé:

"Dime algo Kina, ¿Conoces a una mujer que juegue a las Barbies? Que le guste escalar en los colomos, que en vez de estar en un café saquen un juego de mesa… turista, quién es el culpable, algo así… ¿Conoces a una mujer que se peine de dos trenzas francesas? Que le gusten los moños y los vestidos… ¿No verdad? ¡Entonces yo seré como ustedes!"

- Yo a veces me he hecho dos trenzas Lucía.
- Hay Kina por favor, claro que no.

Kina contestó algo tan hermoso que no se me ha olvidado nunca. Pudo haberme dicho que cambiara, pudo haberme dicho que sí, efectivamente iba a caer en el rol de adulto y me vestiría con colores sobrios como ellos, pero en cambio ella me pidió que no cambiara, que si no quería no lo hiciera, aunque todos fueran diferentes. Y eso nunca lo entendí. Mi pensamiento era “¿Pero con quién voy a jugar?” Obviamente yo en secreto sabía que nunca iba a abandonar mis muñecas, pero en un futuro nadie jugaría conmigo. Y eso fue lo que me dejó inquieta a pesar de que Kinita me dijo “No cambies Lucía, vístete como quieras, sigue siendo así y si no quieres ser uno de nosotros, no lo seas…”

Me fui a dormir y creo que ahora que escribo todo esto me doy cuenta que todas esas preguntas que me hice hace algunos fines de semana son las que quedaron guardadas en esa plática. Esa noche Kina había labrado una cajita de madera para mí. Mientras yo le explicaba toda mi avalancha de miedos, ella labraba con detalle la cajita. Después que terminé de hablar me la dio, me dijo “pon todas tus preguntas aquí, algún día cuando tengas la suficiente experiencia solita las vas a abrir y te contestarás una por una… terminó, cerró la caja, le dio un beso… bueno… a mí… y me mandó a dormir.

Las preguntas durmieron más de diez años… se despertaron como palomitas de microondas, revolotearon como palomas de Iglesia y me dolieron como un cólico fuerte. Sobre todo porque sabía que esta vez tenía que respondérmelas solita en mi cuarto… sin hacer un escándalo, sin detener al mundo que duerme para decirle que necesitaba atención. Sabía que tenía que hacerlo yo y no fue hasta el sábado que pude entenderlo.

Le comenté a un amigo cuando estábamos en el cine que hace tiempo que las películas de amor ya no me hacían ruido… ya no me movían el estómago y ya no me daban ganas de ser la protagonista. Más bien las analizaba desde un punto de vista psicológico (que no lo soy) y pensaba “Ella lo está manipulando, él tiene miedo al compromiso, ella está poniendo todas sus esperanzas en él y no se está poniendo trucha con su vida… él está con ella para olvidarse de sus problemas…” Cosas así que le quitaban todo el romance a la película.

Pero nada comparado con lo que vi este sábado. La historia de romance más bonita que había visto… dos Titanic juntos.. tres P.S. I love you y cuatro Diarios de una Pasión.

Hablo nada más y nada menos que de Elsa y Fred. ¡Qué tranquilidad saber que existe Elsa! Una mujer que nunca se convirtió en adulto por lo que ser alegre era su estado de ánimo normal… incumplida, inconstante, tramposa, mal educada, berrinchuda, chiqueada ¡Una niña! Jaja. Y Fred… un hombre que siempre tuvo miedo de ser niño. Cumplía las reglas, vivía para agradar a los demás y no tenía gustos propios, se dejaba manipular y no tenía ganas de vivir.

Júnta estos dos personajes y verás que después de verlos no te dará miedo crecer. ¡Véanla! A mi me mantuvo riéndome desde que empezó hasta que terminó. Amé a Elsa con todo mi corazón y espero que cada que la cajita de preguntas se abra, pueda ver la peli para calmarme de saber que existe una mujer con alma de niña como ella… sin prejuicios, sin orgullo, sin nostalgia del pasado… simple, cariñosa, graciosa y con unas ganas de vivir como ella. Como yo quisiera ser.

¿QUÉ PREGUNTAS TIENES EN TU CAJITA?