lunes, 13 de octubre de 2014

DÍA NUEVE.




Amanecí pensando en la palabra anular, curiosamente lleva el mismo nombre del dedo donde nos ponemos el anillo cuando nos casamos: Dedo anular. ¿Coincidencia? No lo creo… del todo. Los matrimonios funcionan de dinámicas tan personales que dudo sea el caso general… pero sí pasa. 

Llámese, noviazgo, viven juntos o son marido y mujer, al compenetrarnos con otra persona hay un choque de dos almas q
ue han sabido arreglárselas por la vida con herramientas que tal vez al otro no le gusten o le hagan daño. 

Pero tranquiqui, nos estamos fusionando y evidentemente va a haber choques culturales, de sexo y personalidad pero ¿Por qué chocamos? ¡Porque nos estamos uniendo! Come on! Es natural… 

¿Qué pasa en esa unión? Quiero seguir siendo yo pero te quiero y cedo, pero ¿hasta qué punto desaparecemos? Me queda claro que el amor te hace desprenderte de todo, de entregarte como gordita en tobogán pero tenemos la responzabilidad con z de zazcalez, de no anularnos… como el dedo del anillo.

¿Qué nos queda? Vivir esa experiencia de autoconocimiento, hacerle caso a las intuiciones y trabajar en equipo. Entender que la otra persona está viviendo lo mismo y necesitará una fuente inagotable de empatía. 

El objetivo final será conocerse tan bien que sepan las mil y un combinaciones que tienen para acurrucarse, poner un colchoncito en las esquinas donde se lastiman y disfrutar la explosión mágica que pasa con los elementos químicos que cada uno tiene. Ninguno tiene que asimilarse al otro y esa es tarea de los dos pero de primera instancia es una responsabilidad personal. Si todo esto pasa, estoy segura que un día el dedo del anillo se llamará de otra forma...

viernes, 10 de octubre de 2014

Hola, les habla mi niña interior.




Es bien difícil ser sincera conmigo y honesta con mis sentimientos, y después me es difícil ser sincera en mis letras. Decir exactamente lo que siento a veces me resulta como un niño al que le preguntas qué significa algo y te contesta con sus dos o tres palabras del vocabulario de un niño pequeño.

Deducir o sacar conclusiones o entender algo es todo un proceso. Y luego por otro lado no me gusta detenerme a analizar todo porque me olvido de vivir, entonces entre lo que encuentro una medida exacta entre esconderme a pensar o salir a hablar de lo que siento, se me van algunos buenos momentos…

Estoy entre esa línea delgada entre ser yo y alejarme del mundo para estar solita conmigo como cuando jugaba a las barbies y hablaba sola, o, relajarme un poco y jugar un partido de “kitbol” como jugábamos en la casa de mi tía Olga los domingos.

¡Únete! Me dice de pronto mi sistema nervioso invitándome a relajarme y tener una conversación con el mundo, comer entre amigos y reír y acordarme de que no todo en la vida es reflexionar… y después en las noches mi Lucía intensa me pide que hablemos de todos los porqués del mundo, haciendo viajes mentales a mi pasado y pensando en mi futuro… es realmente desgastante.

Pero no recuerdo haber sido de otra manera… desde que tengo poquitos años hacía preguntas raras… ¿Mamá si la fe mueve las montañas quiere decir que si me aviento del balcón queriendo volar y realmente lo quiero vuelo? ¿Mamá si el cielo es para siempre me da miedo el para siempre, no puede terminarse algún día? ¿Mamá, si le pido a Dios que reviva mi muñeca crees que pueda vivir?


Quería ser mamá desde niña, me gustaban mucho las muñecas y abrazarlas y las llevaba al súper. Y también quería ser algo así como una gran protagonista y en mi egocentrismo me gustaba jugar sola… teníamos una caja de disfraces que usábamos después de comer mientras mis papás dormían su obligatoria siesta de 3 a 4.

-       ¡Lucía tú ve por los disfraces te toca!

Iba de puntitas de su cuarto al baño, Efraín me esperaba y observaba mis movimientos… yo agarraba la caja veía que estuvieran los principales: “Frankistein” caperucita y trapos para usar. Los disfraces tenían un olor muy particular, a viejo, a listón dorado desgastado… a disfraz.

Cuando tenía la capa de caperucita puesta y estaba en el jardín era simplemente la grandeza más gigantesca que una niña podía sentir… tocaba los árboles y caminaba como princesa según yo y hacía mil y un fantasías en mi cabeza y en mi juego no existía nadie más que yo y una historia inventada… hoy que soy grande y veo cuando mis sobrinas juegan me boto de la risa, le hablo a alguien para que las espiemos juntas hablando solas, es chistosísimo, seguro mi mamá desde el balcón se aventó unas mías… que risa…

Y pensar en ello me recuerda a que no se parece nada mi pasado comparándolo con el dolor de cuello que desde hace dos meses no me deja en paz…

He pensado en esos días últimamente… es como si estos dos meses mi niña interior y yo estuviéramos con la capa roja teletransportándonos al jardín de mi casa con los árboles de mandarina, “abuacate” y limón… con el olor a pasto por el calor y Lucas siguiéndome a todos lados mientras jugaba sin ladrar, quietecito, como si entendiera el poder de mi fantasía y la seriedad de mi juego…

Después iba a misa de los Xaverianos pero los de Altamira… Yo amo los de Yaquis pero en Altamira jugaba a que era un castillo y yo vivía en el siglo 18 entonces me ponía el vestido más hampón cosa que hacía feliz a mi mamá porque las otras niñas de mi escuela nunca querían, pero yo accedía porque viajaba en el tiempo y necesitaba una falda amplia, así que no se lo decía y le daba gusto, pum, mataba dos pájaros de un tiro. Y no estaba tan chiquita, pero seguía en mi mundo y nada me lo impedía…

Caminaba lento como en las películas viendo cuadros y redactaba una novela en mi cabeza… que si yo era huérfana y me llevaban a vivir a esa casa, que si yo era institutriz e iba a conocer a mis niños que iba a cuidar… que si iba a conocer a mis padres después de que nos habían separado por la guerra. Sí, creaba una atmósfera dramática donde algo estaba a punto de pasar. Luego saludaba a los padres de ahí y me hacía la que estaba normal, pero yo estaba en medio de mi juego.

Y así me he sentido estos días… trabajando pero en mi mundo, en un bar echando platiquita pero en mi mundo… pensando, pensando cosas que hasta me dan miedo.

Saludando a gente como saludaba a los padres, pero queriendo inmediatamente estar de vuelta conmigo misma pensando algo más… sensible, sensible a la música que es la única que me hace sincerarme un poco y llorar.

Es cuando entiendo que no importa ser yo con todo lo que las consecuencias conlleven, lo que importa es no hacerme a un lado. Es decir, estos días he dejado correr y jugar a mi niña interior y la he respetado con todas esas fantasías que a veces causan dolor cuando no se ven echas en la realidad, cuando probablemente la mujer que soy la defraudan un poco pero trato de calmarla y decirle que aunque no tenemos un príncipe y no somos mamás como ella hubiese querido, nos hemos salido con la nuestra.

Y es cuando encuentro que así es la vida, aprendes a salirte con la tuya, aprendes a jugar con el trapo que te den, aprendes a crear tu mundo en la situación en la que te encuentres y que las fantasías en la mente también se cumplen a modo de juego… que en mis letras puedo crear miles de príncipes azules con novelas que sólo en mi mente viven y que mi felicidad está a tope incluso en medio de la tristeza.

La plenitud es eso, jugar con lo que tienes. Es por eso que estoy bien. Abrazo a mi niña y le hago cosquillas y le digo “esto es lo que hay ¿qué haremos con lo que sí tenemos?”

-       Bueno, vamos a jugar a escribir – me dice con esa voz chillante de niña chiquita- vamos a intentar olvidarnos de lo que no ha llegado y comprar unos cojines nuevos para nuestro edredón… vamos comprándonos una falda de tul que se parezca a las del siglo 18 –sigue hablando y se inspira - vamos escribiendo un libro… vamos jugando a que mi mamá nos escucha y hablando con ella en las noches… y que nos abrazaba y nos contaba un cuento para dormir… ¡Sí! Y luego que en la mañana nos hacía desayuno al “cabos” yo sé cómo preparaba los huevitos. Y que teníamos el pelo bien largo y que nuestro coche era uno de esos antiguos… y que… y que… ¡Y que vamos a Europa y nos paseamos con faldita! ¡Ya sé! Hay que dar una conferencia y decirle a los demás que también jueguen con tu niña interior… y entonces tener a muchas personas con quién jugar…


Así habla mi niña y yo me río. Imito su despreocupación por la vida y trato de no pensar en cosas que me roben mi energía… y creamos un mundo donde no importa ir en contra de la corriente… donde sea necesitaremos ella y yo un espacio pequeñito para existir y con lo que tengamos estamos bien…

Eso creo hoy, aunque estos días me hayan dolido mucho, me aprietan el corazón no sé por qué y me pongo bien pinches triste. No entiendo qué me pasó pero sí sé que mi niña quería decirme algo y le tomó tiempo de explicarme. Ayer en la noche lo entendí, estaba sonriendo, veía a mi alrededor y ella empezó a hablar:

No pasa nada, no te preocupes tanto, así se te va a quitar tu dolor del cuello, vive un poquito más como yo anda… las cosas no van mal ¿Por qué tan apachurrado el corazón? Tenemos muchas cosas con las cuales jugar, nuestras letras, nuestros chistes que subimos a instagram que nos hacen reír horas… ver una película juntas, dejar que nos crezca el pelo… oír música…

Tenemos muchos amigos bien buenos Lucía, ellos nos van a ayudar si algo nos pasa… nuestra familia está bien padre, tenemos muchos bebés con los cuales jugar que sí nos entienden nuestras cosas. Tenemos música…

Ella y yo sabemos que la música nos calma y nos hace drenar nuestros berrinches, yo fui una niña muy berrinchuda. Mi mamá a veces decía “hay ya hazle como puedas” se rendía ante mis berrinches, eran muchos niños que atender y yo era muy demandante… pero mis hermanas mayores entraban en acción cuando estaba caliente de berrinche, roja, rompiendo unos lentes de corazones o rascándome las medias que me quería quitar porque me picaban, retorciéndome en la sala…

O cuando mi mamá no me podía calmar los berrinches Flor me ayudaba, ella es la más grande pero entiende perfectamente a los niños, es la mejor en eso, es de las que saben jugar con su niña interior y también reírse de las cosas simples así que encontró una solución… audífonos… me decía que cuando tenía berrinche o estaba enfadada me ponía unos audífonos grandotes y empezaba a escuchar la música y me reía y así podía estar horas…

Yo con los audífonos después de un berrinche.

Y hasta la fecha lo hago, de hecho me encuentro con unos audífonos enormes mientras escribo y así es como me concentro… entonces después de todo… ¿Qué es lo que me aflige? Pensé ayer.

No tengo nada en contra de que los seres humanos nos sintamos en crisis existencial de vez en cuando, de hecho, es ahí donde adquirimos la sensibilidad para escuchar a nuestra voz interior y seguir adelante, es sólo que no encontré la causa de esta tristeza y mi niña me dijo “¿Y por qué tendrías que encontrarla?” Así que nos sentimos tristes las dos y dejamos que esa tristeza se quedara un ratito para sentirla… así como cuando sentía la música.

Y así logré sincerarme. Sí, tengo miedo a veces de vivir, proclamo que estoy enamorada de la vida pero eso no quita que de pronto la angustia o algo de tristeza o un poco de berrinche me invada. Es parte de la vida también. Son procesos, son acomodos de las capas tectónicas… son días nostálgicos que en suma te suman.

Sabiendo que no estoy en mi totalidad sola (tengo a esa niña todavía) y que mientras haya cosas podemos jugar… vuelvo al juego. Un juego serio. Una fantasía propia, un campo de acción infinito donde encuentro que el ser humano tiene muchas limitantes porque sólo se las provoca… ahí están las letras para usarlas cuando quiera… ahí está la foto de mi mamá para abrazarla cuando queramos y yo ya puedo leerme cuentos en la noche solita y hacerme de cenar… así que dentro de todo, en este juego serio, quería decirles que estamos bien.

-       ¡Sí estamos bien gracias adiós! – ¡Lucía ándale vamos a jugar a la oficina que todavía tenemos cosas que hacer! ¿Me prestas tus marcatextos de colores?

Dios, discúlpeme tengo que irme, esta niña me trae en friega, me hace reír y la escucho hablar y pienso... sí, no pude ser de otra manera.

































DÍA OCHO. Las parejas invisibles




Amanecí pensando en esa curiosa situación del tiempo y el espacio. Si no combinan dos seres humanos en el mismo tiempo y espacio no pueden verse. 

Igual pasa con las almas, si no combinan en ciertas dimensiones espirituales tampoco pueden encontrarse... Tal vez una vea a la otra pero la otra no note su presencia. 

Porque coincidir no es un verbo fácil, es una explosión mágica. Porque puede que coincidas en tiempo y espacio pero no en ganas de querer estar ahí y un sin mil de combinaciones que marcan la diferencia entre los que se quedan y los que se van. 

La cuestión de esto es que no puedes forzar las cosas y desesperarte porque querer que la otra persona te vea, créanme es un trabajo inútil, podrás levantar las manos, brincar, gritar, o intentar devolverle la vista por algún medio, pero, ojo, esa alma si tiene vista, es sólo que no te ve a ti… o peor aún, lo hace y decide ignorarte. 

Si eso pasa, debes aceptar saberte invisible, pero alégrate, es sólo ante sus ojos. ¿Que te queda? esperar por alguien que desee encandilarse de ti. ¿Consejos? No culpes a esa persona por estar ciego, no está ciego sólo no te ve a ti y no busques ninguna razón aparente. Piensa que “no coincidieron” y no te aferres a la esperanza de que algún día suceda, porque si brincaste lo más alto que pudiste, le pusiste sus manos en tu cara y trataste de describirle lo que eras y aún así no supo quién estaba enfrente y lo que estabas dispuesta a acurrucarte, ni un truco de magia lo lograría. 

Por más que quieras darte a manos llenas, tus manos se quedan vacías cuando la otra persona no quiere recibir nada de ti.

Lo importante es reconocer que no te vieron y ¿Qué nos toca? Afinar los ojos, vivir procesos que nos vuelvan más sensible para no ser ciegos… porque entre esas almas que rondan por el mundo, una de ellas, confío, tiene unos deseos tan grandes de coincidir conmigo que tal vez sólo está esperando a que no sea ciega, por estar pensando en el alma que no me vio. ¿Tú cómo amaneciste?

jueves, 9 de octubre de 2014

DÍA SIETE.



Amanecí pensando en los amigos que nos hicieron. Porque esta cosita preciosa no se hizo ayer y by herself. No señor, si volteo al pasado comienzo con una carcajada que me provocaban mis amigas del kinder de las cuales yo me sentía superior porque dibujaba mejor… (una de ellas se casó con mi hermano y sigue estando en mi vida) 

Después pienso en las de primaria, cuando me escogieron capitana del equipo de kit bol y de repente era una muy cruel y luego buena onda, era bipolar. Pero ahí estaban apoyándome. En secundaria Carla, Ale, Silvia y nuestras cartitas de “hola estoy en clases de historia y T.Q.M.T.S.A." y todas esas abreviaturas locas… 

¡Qué seguridad era tenerlas! ¡Cuántas largas horas pasábamos en el teléfono! ¿Y qué traía puesto? ¿Y qué te dijo? Pero a ver cuéntamelo otra vez. Ellas, todas ellas me hicieron. Me moldearon, me sostuvieron cuando no podía ponerme de pie y hasta me dieron electroshocks cuando quería morirme porque mi ex ya tenía novia o cualquier otra tontería que era peor que una guerra mundial. 

En todas ellas amanecí pensando… en Ana Laura, que dormí más veces en su casa que en la mía en la universidad. Y todas ellas me dejaron una partecita de su corazón adentro de la mía. ¡SÍ SOY CURSI Y SIEMPRE LO SERÉ Y ADEMÁS ASÍ PASÓ DIJE! 

En todas esas amigas del pasado que algunas siguen en el presente amanecí pensando… Prix, Marissa, mis hermosas wikys, y demás que tal vez ya ni hables tanto con algunas...pero come on! Me moldearon también. 

Así que me siento un poco como un yeso que da vueltas mientras no un artesano sino varios empezaron a moldearme y lo hicieron no a su manera, sino a la mía, tratando de que quedara mi yo, mi forma. 

Porque un amigo respeta eso, tu forma y eso a veces ni un novio, ni un padre o madre. No, los amigos te reciben así como vienes y te empiezan a pulir, soplan el polvo, te reconstruyen si necesitas y aunque tengan menos experiencia que alguien mayor que podría aconsejarnos mejor, nos regalan su pequeña grande sabiduría y mal aconsejados los queremos porque no hay nadie mejor que un amigo. 

Ach, me hubiera esperado para subir esto el día del amor y la amistad pero amanecí pensando en eso hoy… ¿Tú cómo amaneciste?

miércoles, 8 de octubre de 2014

#OctubreRosa

Muchas veces queremos ayudar a un ser querido que tiene cáncer y no sabemos cómo... nadie sabe sabiendo estas cosas, es por eso que con todo mi cariño les comparto lo que escribí para la revista Quién en #OctubreRosa: Una entrevista a un paciente hermoso que quiero con toda mi alma y abrió su corazón para contarnos cómo le gustaría que lo tratáramos... ¡Gracias chulo! #tusabesquieneres

Y en memoria a todas las heroínas que se encuentran venciendo el cáncer de mama en este #octubrerosa con toda mi admiración les dedico también estas letras.


¿Cómo estar al pie del cañón
cuando alguien tiene cáncer?
Lucía la de Flor y un soldado muy especial @lucialadeflor

A propósito de Octubre Rosa, Lucía tenía una misión: decirnos a través de su particular punto de vista qué hacer cuando una amiga tiene cáncer, cómo apoyar, cómo entender y esto fue lo que nos contó.


Octubre Rosa
Es importante que el apoyo sea incondicional. (Foto: Especial)
Una misión posible.
¡Toma esto Tom Cruise!
   
Hace poco conocí a un lector hermoso que tenía la llave de la casa de mis letras, y de cuando en cuando se instaló. ¿Cómo no lo vi antes? Con esas inmensas ganas de vivir. Nos conocimos porque me leía en el cuarto de un hospital y yo mientras escribía sobre mis banales frustraciones, él luchaba contra el cáncer entre otras cosas que hacen los adolescentes de su edad...

Cuando supe de su existencia inmediatamente nació la amistad. La comunicación día y noche fue inevitable, nos hicimos "besties", nos volvimos un solo equipo y con eso de que todo nos contamos le dije que tenía que escribir un texto sobre Octubre Rosa, el cáncer de mama y todo ese asunto que tiene que tratarse con la vulnerabilidad que requiere así que le pedí que me ayudara...

-       ¡Pareja! Tenemos una misión...
-       ¿Qué pasa soldado?
-       Me han encargado un texto sobre Octubre Rosa... necesito tu ayuda.
-       Estoy desayunando ¿Me esperas?
-       Entendido soldado.
Media hora más tarde...
-       ¿Qué pasó Lucía?
-       Es sobre el cáncer de mama, el año pasado hice uno sobre autoexplorarte pero ahora me pidieron que me enfocara en cómo hacerle cuando tienes un pariente con cáncer o cómo darle esperanzas a alguien que tiene esa enfermedad pero ¿Cómo voy a saber qué aconsejar si no sé lo que es tener cáncer?
-       Pero Lucía, no soy mujer y no tengo cáncer en el pecho.
-       Pero sabes lo que te hace sentir bien, lo que necesitas de los demás o lo que te gustaría escuchar que te dijeran... ¡Ándale!
-       Misión aceptada pareja.
-       Mándame un mail con todo lo que piensas. Y confía en mí.

Así lo hicimos. Más tarde mi "hermano menor" me mandó el mail. 
Lo que leí, a final de cuentas era un testimonio de cómo un paciente 
lucha contra el cáncer, aunque no fuera específicamente cáncer de 
mama y aunque sé que todos los casos son diferentes y cada uno tiene 
sus situaciones sumamente específicas, les comparto sus palabras... 
tal y cual las leí, esas que me hicieron entender de manera más simple, 
qué hacer cuando alguien cercano a ti tiene cáncer, cómo acercarte, 
qué decir, qué no decir... nunca estamos listos para este tipo de 
situaciones, pero siempre hay personas valientes que se atreven a 
decirnos cómo hacerle cuando no sabemos. 



Jen
Angelo Merendino retrató a su esposa Jennifer durante su tratamiento de cáncer de mama, siempre estuvo a su lado tratando de llevar una vida lo más normal posible. (Foto: Angelo Merendino)


Abrí mi mail y comencé a leer:

Hablar del cáncer es una tarea compleja, no sólo porque no es un tema común 
o que pueda tratarse a la ligera, al menos no para aquellos que han padecido o padecen aún esta enfermedad, ya que al escuchar esta palabra muchos la 
identifican y/o relacionan con un alto grado de mortandad...

Si tienes algún familiar o amigo que padece esta enfermedad  te preguntarás 
"¿Y ahora?" No te preocupes, es común que no sepas cómo actuar, 
sobre todo si nunca antes estuviste en esta situación.

Yo tengo cáncer y siendo sinceros, con el cáncer nunca se sabe, a veces 
reaccionas muy bien a la terapia, a veces no tanto y otras cuantas tienen que 
intentar otras formas porque de plano no está funcionando, pero también he 
tratado con muchas personas que lo han padecido, con los cuales he convivido 
en el hospital o en algunos otros espacios que solemos visitar, y he hecho 
grandes amigos, algunos se han curado y otros han fallecido, así que todo lo 
que diré será porque así lo he descubierto en su momento con ellos.

Es importante que sepas que no hay una fórmula mágica para 
tratarnos, cada cáncer es diferente, no sólo por el tipo que sea, ni 
por la etapa en la cual se encuentre sino porque cada persona 
reacciona diferente tanto biológica como psicológica y emocionalmente... aún así, estos son los consejos más importantes que 
te puedo dar si es que has decidido apoyar o acompañar a una persona que 
padece cáncer.




1.     Infórmate
Puedes comenzar por preguntar de manera sutil qué tipo de cáncer padece la 
persona en cuestión y de ser posible en qué etapa está, ¿Para qué? Es simple, 
aún cuando las personas con cáncer deben cuidar su salud más que otras 
personas, los cuidados que reciben son distintos y sólo si estas informado 
podrás ayudar de manera más eficiente, no es algo prioritario, pero conocer 
un poco más te ayudara a entender, y siempre es lo que las personas 
como nosotros necesitamos más de alguien externo... 
que nos entiendan.

2.     Reflexiona:
 ¿Cómo se siente dicha persona con el hecho de recibir ayuda?
Existen momentos muy difíciles para nosotros, algunos de ellos son al 
enterarnos del padecimiento o cuando no obtenemos buenos resultados
con la terapia, en los cuales podemos reaccionar de maneras muy variadas,
y muchas personas no nos sentimos preparados para compartir la noticia o
simplemente convivir con otras personas, algunos por miedo al rechazo, por
depresión o por inconformidad, ya que sin duda tu vida cambia radicalmente 
cuando padeces cáncer.

¿La ayuda que ofrezco es apropiada?
Algunas veces cuando las personas se enteran de que estamos enfermos sienten 
cierta obligación o extraña sensación que los induce a hacer cosas buenas por 
nosotros, pero cuando las personas no solían hacer eso antes se siente raro, muy 
raro, en serio, existen diferentes maneras de ayudar, así que considera cuales 
estás haciendo porque siempre lo has hecho y cuales no y resúmete a hacer 
aquello que nazca y no lo que crees que "deberías hacer".

¿Cómo reaccionará la familia de la persona con cáncer?
Piensa un poco en nuestros seres queridos, aún cuando seamos los mejores 
amigos y queramos estar todo el tiempo juntos (mayormente cuando se es 
adolescente o niño) nuestra familia también necesita estar con nosotros y 
debemos permitir que otras personas nos ayuden también (en este caso 
nuestra familia), además se cuidadoso con las atribuciones que tomas, 
porque la sensibilidad de todos está en su máxima expresión y podría 
resultar contraproducente que te involucres en cuestiones que la familia 
considere privadas.

Para todo lo anterior existe una palabra clave: "comunicación", con nosotros 
y con nuestros familiares.


Octubre Rosa
3- Se prudente. (Foto: Especial)


3.     Se prudente
Nuestros hábitos y necesidades cambian mucho a partir de que nos enteramos 
de la noticia, así que necesitaremos que tu ayuda sea flexible en tiempos y formas.

4.     Escúchanos
Lo que más difícil se les hace a las personas que se acercan a nosotros es actuar, 
no saben qué decir ni qué hacer cuando están con nosotros así que prueba 
escuchando, así podrás saber cómo nos sentimos y lo que nos gustaría hacer, 
estamos pasando por muchas cosas nuevas que podríamos contarte y quizá hasta querramos saber de qué nos hemos perdido estando en el hospital o en casa 
porque no nos será posible llevar la misma intensidad de rutina que antes.

5.     Observa nuestras reacciones
Aunque parezca que no hacemos nada; nuestros nuevos hábitos, tratamientos y condiciones de salud nos dejan exhaustos y aunque querramos mucho seguir con
la amena conversación o disfrutar más tiempo de tu visita a veces nos resultará imposible, no lo tomes como grosería o desinterés, mejor haznos saber que 
podremos contar contigo en otro momento.

6.     Apóyanos
La personas que padecemos cáncer necesitamos saber que las personas que nos 
aman están con nosotros, como antes y como nunca, una de las cosas que a mis 
amigos y a mí más nos gustan es sentirnos apoyados, no nos dejes sólos, es muy 
común que cuando estamos enfermos dejamos de hacer las cosas que hacíamos 
antes, yo dejé de hacer ejercicio, después ya no podía salir con mis amigos o iba 
pocas veces, así que al ausentarme, algunas de las personas que frecuentaba comenzaron a desaparecer de mi radar y poco a poco me fui quedando con unos cuantos amigos y mi pequeña familia y eso, quizá es lo más duro a lo que me tuve 
que acostumbrar...a estar solo. Para mí eso es lo que más acaba de una enfermedad 
o de estar en un hospital.

7.     Quédate con nosotros
Existen muchas formas, por ejemplo, llámanos de la escuela o del trabajo: 
Las horas laborales son los momentos en que más tiempo libre tenemos y que 
con menos compañía contamos.

Léenos un libro, cuéntanos chistes, cantemos canciones, veamos videos, 
comentemos las noticias, juguemos, muéstranos fotos, si es posible caminemos, 
sostén nuestra mano o simplemente veamos una película juntos.


Octubre Rosa
Jennifer Merendino. (Foto: Angelo Merendino)


8.     Se realista
No nos digas que todo va a estar bien ni hagas predicciones de un futuro maravilloso, 
es bueno que seas positivo pero antes que eso necesitas ser realista, no es lo mismo 
"te vas a curar y vamos a jugar futbol como siempre" que "vamos a echarle muchas ganas y voy a estar contigo para salir adelante y disfrutar nuestra amistad..."

Un amigo me dijo un día: tengo miedo de morirme y no porque la muerte sea peor 
que esto, solo que no sé cómo les van a decir a mis papás que me morí, es como la gravedad, tenemos puestas tantas expectativas sobre nuestros hombros que pesan, 
que nos dan miedo, nos preocupan, nos duelen. No todo lo que piensas que es mejor para nosotros es considerado igual por nosotros.

No le tengas miedo al silencio... es mejor que muchísimas palabras 
vacías que escuche tantas veces.

9.     No prometas
Todo en este mundo cambia y entendemos que muchas veces te resulte imposible visitarnos, traer un poco de postre, conseguir la película en DVD o se te olvidaron 
en tu casa, pero ahora más que nunca estamos llenos de expectativas y si no sucede 
sólo ocurrirá una cosa nos quedaremos con el vacío.

10.     Trátanos como antes
Quizá no podemos hacer las mismas actividades, pero seguro nos sigue gustando 
la misma persona, o yéndole al mismo equipo, escuchando la misma música y
también queremos contártelo y que nos cuentes...

11.    Se creativo
Quizá la respuesta más común a la pregunta "¿Cómo has ayudado a  alguien que 
tiene cáncer?" Es: "Lo visitaba en su casa o el hospital". ¡Hey! ¿Dónde quedó la creatividad? Muchos de nosotros podemos ir al cine, al parque, a comprar un libro, 
nos puedes llevar al tratamientos al hospital, acompañar a misa, ver el juego de los Steelers (aunque pierdan), visitar alguna exposición de arte, ir a comprar, todo se 
trata de una cosa: COMPARTIR.


Octubre Rosa
Octubre es el mes en contra del cáncer de mama. (Foto: Getty Images)


¿Qué sí hacer?
VIVIR EL AHORA.

Si quieres pensar en el futuro...comienza por mañana. No hagas planes de tomar 
el té cuando sean viejitos o jubilarse juntos, puedes hacer planes, pero deben ser 
en un futuro cercano, como tomarnos una nieve en cuanto haga un poco de calor 
y sorprendernos con un helado de cono, eso de verdad lo apreciamos...

¿Qué no hacer?
  • Alejarte, eso nos duele muchísimo.
  • Tampoco nos digas que"seguro podremos soportarlo"a veces se siente como si dijeras,"es justo que te pase"o"no te quejes que no es para tanto".
  • Procura no hablar mucho de nuestra apariencia, puedes verte muy cruel o por el contrario un halagador mentiroso.
  • No nos cuentes historias tristes.
  • No te la pases hablando sólo de tu vida.
  • No digas "sé cómo te sientes", porque en realidad no lo sabes.
  • No digas"no sé cómo le haces para..."a veces puedes maximizar las cosas.

Si tienes la intención de regalarnos algo estas son algunas cosas 
que podría sugerir:
  • Certificados de regalos: los tratamientos son costosos y algunas veces podría ayudar a comprar lo necesario o algo que nos guste.
  • CDs de nuestros artistas favoritos o un mp3 con canciones que sepas que nos gustan.
  • Películas y libros (preferentemente evita las historias tristes).
  • Revistas interesantes.
  • Postres.
  • Gorros o bufandas.
  • Pijamas nuevas.
  • Un diario.
  • Juegos de mesa.
  • Manualidades.
  • Almohaditas.

Pero sobre todo, lo que más necesitamos es saber que nos quieres a pesar de todo.

Espero les haya gustado este artículo de Octubre Rosa... y ¡Hey! Soldado, misión cumplida.

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